mié. Nov 13th, 2019

Ariana Harwicz: “Los hombres se sienten señalados, piensan que los van a quemar vivos”

La escritora argentina da voz a un pedófilo femicida en ‘Degenerado’, su última novela En 2007 la argentina Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) emigró a Francia y en esa tierra desconocida engendró una literatura atravesada por ambos países. «Mi escritura es producto de mi extranjería. Nunca escribí acá, ni una línea», dice de visita en su ciudad […]

La escritora argentina da voz a un pedófilo femicida en ‘Degenerado’, su última novela
En 2007 la argentina Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) emigró a Francia y en esa tierra desconocida engendró una literatura atravesada por ambos países. «Mi escritura es producto de mi extranjería. Nunca escribí acá, ni una línea», dice de visita en su ciudad natal, donde ha presentado su cuarta novela, Degenerado. Después de tres libros protagonizados por mujeres que cuestionaban los mandatos de la maternidad, la pareja y las relaciones familiares, Harwicz da un gran salto para dar voz a un pedófilo femicida sin abandonar la primera persona torrencial que caracteriza su prosa.

«En Argentina todo pasa por el sexo y la política»

«El deseo es el deseo, como va a ser legislado, es una puesta en absurdo de vuestra legalidad, de vuestros pruritos», se defiende el protagonista de la novela ante jueces y fiscales. «Mi idea fue trabajar con los discursos sociales y políticos de lo que está pasando en Argentina, en Francia, en las democracias occidentales. Trabajar con el hombre como sujeto acusado de un crimen, en el banquillo de los acusados. El hombre contemporáneo es el hombre acusado, linchado», arranca Harwicz en la entrevista, realizada en un café de Buenos Aires. «Pensé que el crimen hoy por excelencia es el crimen sexual y dentro de ellos el crimen sexual con niños. El personaje solo fue tirando por ahí. Después también fui a lo sexual porque soy argentina y en Argentina todo pasa por el sexo y la política.

Para crear al protagonista trató de «mirar a muchos hombres, escuchar a acusados y verlos razonar». Uno de los casos que siguió más de cerca fue el juicio a La Manada, el de los cinco amigos condenados a 15 años de cárcel por la violación en grupo de una adolescente en la ciudad española de Pamplona durante las fiestas de los sanfermines de 2016. «Es re interesante lo de los chicos de La Manada. Les creo en su cinismo cuando dicen: ‘Yo no hice nada, estuve con una tía’. No les parece que eso sea una vejación, un crimen y es que la sociedad siempre los avaló. Aquí también pasa con rockeros, cantantes como Cristian Aldana que no aceptan el crimen y sienten injusta la acusación. El degenerado se hace eco de esos discursos en los que los hombres se creen los inocentes».

Pregunta. ¿Cree que hay un cambio cultural que ha dejado de avalar estos hechos?

Respuesta. Es innegable que hay algo parecido a una revolución en marcha. Lo ves en las escuelas secundarias, en cómo piensan las chicas de 12, 13, 14. En las habitaciones de las adolescentes argentinas no está sólo el Ricky Martin o Robin Williams de turno sino que está el pañuelo verde [a favor de la legalización del aborto]. Pero para que haya un cambio cultural que modifique una cultura arraigada en la violencia machista hay que esperar. Esperar 10, 20, 30 años para ver si esto que llaman caza de brujas a los hombres, a los femicidas, quedó en una especie de euforia o si sienta precedente para el futuro.

«ESPERO QUE SEA TAN NATURAL SER MADRE COMO NO SERLO»

Matate, amor (Lengua de Trapo), La débil mental (Maldulce) y Precoz (Rata), Harwicz conforman una trilogía sobre las relaciones materno-filiales. Con Degenerado Harwicz abre un universo nuevo pero los pensamientos del protagonista también vuelven una y otra vez a su infancia y a la crianza. La escritora, madre de un niño, cree que el mandato de la maternidad es mayor en Argentina que en muchos países europeos. Sin embargo, subraya que es aún una pregunta recurrente a actrices y personajes públicos femeninos de cualquier país por qué decidieron no ser madres o cuándo van a serlo. «Algún día espero que sea tan natural ser madre como no serlo», afirma.

P. ¿Caza de brujas a los hombres?

R. He escuchado decir a muchos hombres, cuando no tienen el micrófono delante, que es insoportable, que se sienten acosados. Volvemos al Medievo al revés, la Inquisición contra los hombres. Se sienten señalados y piensan que los van a quemar vivos. ‘¿Qué quieren que hagamos? No podemos mirar un culo, no podemos gritar a nuestras novias aunque ellas nos griten porque entonces somos violentos’. Toda revolución es excesiva, hay bombardeos, se cortan cabezas, y yo no quisiera ser hombre en esta época, pero así y todo bastante bien porque cabezas no estamos cortando.

P. Tu literatura se caracteriza por ir contra tabúes, pero ¿cómo fue en este contexto de lo políticamente correcto encarnar a un pedófilo?

R. Tenía miedo. Una de las veces que fui a Cuba me dijeron que lo peor era el síndrome de miedo adquirido. Hace muchos años, pero eso siempre me quedó. No es propio sólo de Cuba ni del comunismo sino de todos lados, llega un momento en el que no hace falta que te vigilen sino que ya tú misma te censurás. Pensaba si siendo mujer no es mucho provocar poner un pedófilo que dice que el deseo no es legislable, que es incontrolable, que la chiquita sintió algo. Pensé que me iban a destruir, pero hacer algo que más o menos se acomode a las expectativas de la época me hubiese hecho sentir muy mal conmigo misma. Creo que la ética del escritor o del cineasta es hacer la película o el libro que tiene que hacer. Me arriesgué y creo que salió bien porque hay un interés por leer eso también. Está lleno de libros que cuentan el femicidio desde una víctima y por ahí son excelentes, pero este lo cuenta desde el victimario.

Harwicz lleva 15 días en Buenos Aires y dice preferir el frío suave de esta capital sudamericana a los 42 grados de la ola de calor parisina. A lo largo de la charla aparecen una y otra vez las dos ciudades y esa doble cultura – «europea y latinoamericana, francesa y argentina, campestre y de Buenos Aires»- presente en sus libros. «Mis inmigrantes no son puros, no hay pureza, se sienten inmigrantes incluso habiendo nacido ahí. Lo que me pasa a mí es que yo aunque quizás algún día tenga los papeles no soy francesa, pero tampoco soy turista, tengo esa doble identidad», señala.

«Creo que la ética del escritor o del cineasta es hacer la película o el libro que tiene que hacer»

La dualidad se filtra también en otros detalles, como el respeto por la ley y la propiedad privada de los vecinos que tienen acorralado al degenerado en una casa de campo. «En Argentina probablemente no hubieran esperado a que llegara la Gendarmería, probablemente lo hubiesen linchado. No es que en Francia no linchen, pero acá más por obvias razones. El respeto por la ley que tienen en Francia no funciona igual, acá se infringe. Un policía acá no inspira respeto para nada, también porque no se lo merece, en Francia sí. Todo el discurso de la ley es francés pero visto por una argentina, un francés nunca lo hubiese escrito así, Houellebecq por ejemplo, porque nacieron en un Estado de derecho, yo nací en dictadura», diferencia.

Mar Centera

Buenos Aires

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *