Sáb. Jul 20th, 2024

Movilizar financiamiento para la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible

David Lipton, Director Gerente Interino del Fondo Monetario Internacional FMI, en su discurso de la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, se refirió a los objetivos del Desarrollo Sostenible ODS, que están concebidos para velar  por que todas las personas tengan una oportunidad equitativa de prosperar, sin importar quiénes sean ni de dónde […]

David Lipton, Director Gerente Interino del Fondo Monetario Internacional FMI, en su discurso de la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, se refirió a los objetivos del Desarrollo Sostenible ODS, que están concebidos para velar  por que todas las personas tengan una oportunidad equitativa de prosperar, sin importar quiénes sean ni de dónde vengan.

Cumplir esta promesa no es una tarea sencilla, dijo. Es necesario abordar algunos de los mayores desafíos de nuestro tiempo, señalando los siguientes aspectos para revertir la amenaza existencial del cambio climático.

1. Acción por el clima, ahora

Los efectos del cambio climático son cada vez más tangibles y están transformando el debate: en casa, entre generaciones y a escala mundial.

El cambio climático es un problema de relevancia macroeconómica que requiere una cooperación internacional; una cooperación en la que el FMI participa estrechamente mediante su asesoramiento y sus investigaciones de política económica.

Nuestra prioridad es brindar apoyo a los países para que reduzcan drásticamente el uso de combustibles fósiles, de forma que podamos limitar el calentamiento mundial a un nivel considerado como seguro: 2 °C, o menos, por encima de la temperatura preindustrial. Las actuales promesas de mitigación en el contexto del Acuerdo de París se quedan muy por debajo de ese objetivo.

Esto significa que, sin excepción, hay que poner manos a la obra en lo que se refiere a las políticas; entre otras cosas, mediante regulaciones más inteligentes, el incremento de las inversiones en energía verde y el replanteamiento de las políticas fiscales.

Aquí, el principal problema es sencillamente que el carbono es demasiado barato.

Con un precio promedio mundial del carbono de 2 dólares de EE.UU. por tonelada de CO2, los hogares y las empresas necesitan más incentivos para usar menos energía y optar por combustibles más limpios. Limitar el calentamiento mundial a un nivel seguro requiere que el precio del carbono sea considerablemente superior: hasta 75 dólares de EE.UU. por tonelada.

Ahora bien, existen diversas estrategias que pueden contribuir a que se alcance el precio adecuado a escala mundial. Pero, ¿existe una estrategia sencilla que tenga más probabilidades de éxito?

Las nuevas investigaciones del FMI que se publicarán en la próxima edición del informe Monitor Fiscal muestran que los impuestos sobre el carbono son las herramientas más eficientes y potentes, pero solo si se implementan de forma justa y favorable al crecimiento. La clave es reformular el sistema impositivo, no simplemente añadir un impuesto nuevo.

Este es un buen ejemplo: cuando Suecia introdujo un impuesto sobre el carbono en 1991, los hogares de ingresos bajos y medios recibieron transferencias y reducciones de impuestos más elevadas para ayudarlos a compensar los mayores costos de la energía. Ese cambio de política ha sido fundamental para que Suecia haya reducido sus emisiones de carbono en un 25% desde 1995, al mismo tiempo que su economía ha crecido más del 75%.

En la actualidad, muchos países quieren ir más lejos.

Consideremos los importantes ingresos que podrían generar los impuestos sobre el carbono; unos ingresos que se estiman en aproximadamente 1-3% del PIB. Estos ingresos pueden financiar una asistencia selectiva y anticipada a los hogares que se ven afectados de manera desproporcionada, apoyar a las empresas y las inversiones en infraestructuras de energías limpias y, en última instancia, financiar los ODS.

2. Impulsar el desarrollo económico y social

Esto me lleva a las dimensiones económica y social de los ODS. Esa parte de la Agenda 2030 se elaboró para contribuir a crear un mundo sin pobreza ni privaciones, un mundo más justo, no solo para los países en desarrollo sino para todos.

La buena noticia es que podemos partir del progreso conseguido: en las últimas tres décadas, la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad y más de mil millones de personas han abandonado la situación de pobreza extrema.

Estos logros muestran apenas lo potentes que pueden ser los esfuerzos en materia de desarrollo, sobre todo en un contexto de integración mundial. Pero aún hay mucho más por hacer. En el caso de muchos países, esto quiere decir aumentar significativamente su gasto para cumplir los ODS.

En ámbitos clave como la salud, la educación y las infraestructuras prioritarias, estimamos que los países en desarrollo de bajo ingreso necesitarán un gasto adicional todos los años, alcanzando el medio billón de dólares de EE.UU. en 2030, aproximadamente el 15% de sus PIB combinados (en 2030).

Así pues, ¿cómo movilizamos financiamiento para los ODS?

La responsabilidad empieza por casa: desde el fortalecimiento de la gestión macroeconómica hasta el aumento de los ingresos públicos y la implementación de planes de gasto más eficaces.

En muchos países, también existe margen para reforzar la lucha contra la corrupción y crear un entorno empresarial más atractivo para que el sector privado cumpla su parte. Esto incluiría adoptar marcos jurídicos y reguladores favorables a las inversiones.

Tomemos el caso de Vietnam: la movilización de ingresos públicos y las reformas inclusivas contribuyeron a que Vietnam pasara de ser una de las naciones más pobres del mundo a un país de mediano ingreso. Y se prevé que Vietnam realice importantes avances hacia los ODS.

El Pacto con África, una iniciativa del G-20, ofrece asistencia a los países que quieren lograr transformaciones similares, y esperamos que los inversionistas reconozcan estas oportunidades.

Por nuestra parte, el FMI está trabajando con otras organizaciones internacionales para satisfacer las crecientes demandas de fortalecimiento de las capacidades que respaldan los avances hacia los ODS. En cuanto a la movilización de ingresos públicos, por ejemplo, hemos aumentado nuestra contribución en casi un 50%, tan solo en los últimos tres años.

Y, aun así, aumentar los recursos internos no es suficiente. Unos esfuerzos mayores probablemente cubran tan solo una cuarta parte de las necesidades que se estiman para los ODS. Para que los países lo logren, será fundamental el apoyo financiero de las instituciones financieras internacionales y los donantes oficiales. En especial, en el caso de países con pesadas cargas de la deuda, esto podría marcar una diferencia enorme: estimamos que el 43% de los países en desarrollo de bajo ingreso están en situación crítica causada por el sobreendeudamiento, o en riesgo de estarlo.

Los nuevos métodos, como el “financiamiento combinado”, que agrupa donaciones, financiamiento concesionario y financiamiento comercial, también podrían contribuir a subsanar las considerables deficiencias de inversión.

Y pensemos en el sector de la inversión sostenible. Ya hay empresas que ofrecen distintas formas de inversión de impacto, bonos verdes y productos de fondos ASG. Se podría ir más allá y lanzar una variedad más amplia de productos de inversión que incentiven a las empresas a alinear sus modelos de negocio con los ODS.

Conclusión

La conclusión es que para movilizar financiamiento para los ODS y la acción por el clima se necesitará creatividad, tenacidad y un nivel sin precedentes de cooperación dentro y fuera de las fronteras.

Me complace ver que las cuestiones relacionadas con el clima ocuparán un lugar destacado en las Reuniones Anuales que celebraremos el mes próximo, las cuales incluirán una reunión de la Coalición de Ministros de Finanzas para la Acción Climática.

Nuestra responsabilidad compartida deber ser seguir fortaleciendo el ímpetu de este programa de desarrollo, incluso en un momento en el que el mundo está haciendo frente a una desaceleración del crecimiento y al aumento de la incertidumbre.

Esta es la razón por la que el FMI, las Naciones Unidas y otros continuarán trabajando en colaboración, con un compromiso renovado con una idea sencilla: ofrecer a todo el mundo una oportunidad equitativa para prosperar, indicó finalmente.

Con información del Departamento de Comunicaciones del FMI

Foto portada Moverse.org

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