Durante su último informe a la nación, la presidenta de Perú, Dina Boluarte, sorprendió al comparar a Bolivia con países señalados frecuentemente como ejemplos de colapso político y económico. En un tono enfático, afirmó:
“Por mi profundo amor a esta patria, renuncié a continuar un proyecto político que conducía a la destrucción y que llamaba a la violencia (…) Quisieron convertir al Perú en un país fallido, como Cuba, Venezuela o Bolivia”.
Con esta frase, Boluarte intentó justificar su permanencia en el poder tras la caída de Pedro Castillo, afirmando que evitó un quiebre democrático similar al que —según ella— enfrentan esas tres naciones. Aun cuando los casos de Cuba y Venezuela suelen aparecer en el discurso político conservador como referencias al autoritarismo, la inclusión de Bolivia generó sorpresa y molestia, por tratarse de un país con institucionalidad democrática vigente, pese a las tensiones internas.
El primero en reaccionar fue el empresario y candidato presidencial Samuel Doria Medina, quien a través de redes sociales calificó de inaceptable la declaración de Boluarte. Sostuvo:
“Le aclaro a la presidenta Dina Boluarte que Bolivia no es un país fallido como ella sostiene. Estamos cumpliendo 200 años de construcción nacional. Enfrentamos crisis, sí, pero las resolvemos y resolveremos”.
Doria Medina pidió respeto y remarcó que Bolivia ha demostrado capacidad de resiliencia frente a múltiples desafíos institucionales y sociales. Su respuesta recibió respaldo de líderes regionales que consideran inadecuado el uso político de comparaciones despectivas entre países vecinos.
A diferencia de Doria Medina, el Gobierno de Bolivia no ha emitido hasta el momento una posición oficial a través de la Cancillería ni de la Presidencia. En contraste con su rapidez en rechazar declaraciones de autoridades chilenas o estadounidenses, el Ejecutivo ha optado por un silencio llamativo frente al agravio proferido desde Lima.
Este silencio ha sido interpretado por algunos analistas como una decisión pragmática: evitar abrir un nuevo frente diplomático con Perú en medio de la tensión interna y el debilitamiento regional del bloque progresista sudamericano.
La expresión “Estado fallido” o “país fallido” suele usarse en escenarios extremos, cuando el Estado pierde el control territorial, el monopolio de la fuerza o la capacidad de proveer servicios básicos. Bolivia, pese a sus problemas económicos y disputas políticas no se encuentra bajo esa definición según informes multilaterales.
Organismos como el Fund for Peace, que publica anualmente el «Fragile States Index», no consideran a Bolivia entre los países con mayor riesgo de colapso institucional.
Redaccion central
