La defensa de una tesis doctoral suele marcar la culminación de años de estudio. En el caso de Marisel Mamani, también abre una oportunidad para la agricultura boliviana.
La científica defendió su investigación en la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, con una propuesta que apunta a identificar alternativas biológicas para combatir enfermedades que afectan al café de los Yungas paceños y reducir la dependencia de determinados plaguicidas químicos.
Su trabajo estudió microorganismos de los géneros Fusarium y Trichoderma. Los resultados experimentales muestran un potencial que merece seguir investigándose, aunque todavía se necesitan pruebas adicionales en invernaderos y cultivos para establecer su eficacia en condiciones reales.
Ahí comienza el desafío que va más allá del mérito individual. La investigación no debería quedarse en una publicación académica ni en el reconocimiento a una profesional boliviana. Necesita continuidad, recursos, infraestructura y una articulación efectiva entre la universidad y los productores.
La UMSA tiene ante sí la oportunidad de impulsar ese tránsito del laboratorio al campo: acompañar las siguientes etapas de investigación, validar los resultados y evaluar si la propuesta puede convertirse en una alternativa viable para quienes cultivan café en los Yungas.
No se trata de prometer una solución antes de tiempo, sino de evitar que un conocimiento con potencial termine archivado por falta de apoyo o continuidad institucional.
La pollera que vistió Mamani en Suecia también representa sus raíces y su historia. Pero su aporte no debe quedar reducido a un símbolo de identidad ni a una historia inspiradora. Su investigación plantea una posibilidad concreta para el país: que la ciencia desarrollada por sus profesionales contribuya a resolver problemas productivos.
Bolivia necesita formar científicos, pero también construir las condiciones para que puedan investigar, innovar y aplicar sus hallazgos en su propia tierra.
Portada gentileza UMSA
Por Equipo de redacción
