“Parte de esos veinte años de la realidad de mi país arrasado se debe a una construcción ideológica en nuestro continente”, afirmó Paz ante la ONU.
El Presidente vinculó esa construcción con una línea política que, según describió, tuvo como referentes al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez y al expresidente boliviano Evo Morales.
Recordó que un líder latinoamericano llegó a Naciones Unidas y dijo: “Esto huele a azufre”, en alusión al discurso de Chávez ante la Asamblea General en 2006.
Luego apuntó hacia Bolivia. Recordó que otro líder de su país llegó al mismo escenario internacional y mostró una hoja de coca, un elemento que Paz definió como tradicional, histórico y parte de la cultura nacional.
Su cuestionamiento estuvo en el uso político de ese símbolo. Según Paz, aquella línea terminó convirtiendo un elemento cultural en una bandera ideológica que se apartó de “la construcción, el desarrollo y la visión de progreso de una nación”.
El contraste que presentó fue directo. Frente a ese pasado, Paz planteó ante la comunidad internacional el concepto de “capitalismo para todos”, con el empleo, la producción, la inversión y el crecimiento económico como instrumentos para transformar la realidad boliviana.
El mensaje no se quedó en la disputa ideológica. Paz buscó mostrar qué pretende ofrecer Bolivia al mundo en esta nueva etapa.
Uno de los ejes fue la economía. Habló de la necesidad de reconstruir las reservas, recuperar la confianza y generar condiciones para la inversión, pero también sostuvo que el financiamiento externo por sí solo no resolverá los problemas estructurales del país.
Después puso sobre la mesa los recursos estratégicos de Bolivia. Litio, cobre y estaño aparecieron como parte de una oportunidad vinculada a la transición energética y tecnológica mundial.
Pero el planteamiento tuvo una condición: no repetir el viejo esquema de extraer y exportar materias primas. Paz habló de industrialización, transferencia de tecnología, generación de empleo, infraestructura y valor agregado.
En otras palabras, el mensaje hacia los inversionistas y gobiernos extranjeros fue que Bolivia quiere pasar de ser proveedor de recursos naturales a convertirse en un socio dentro de las nuevas cadenas productivas.
El Presidente también llevó a la ONU el problema del narcotráfico y el crimen organizado. Vinculó esas actividades con los conflictos y bloqueos que enfrentó Bolivia y sostuvo que las amenazas transnacionales requieren una respuesta internacional coordinada.
A ello sumó la protección de la Amazonía, la cooperación regional y la necesidad de construir relaciones internacionales alrededor del desarrollo, la seguridad y la integración.
Así, el discurso de Paz tuvo una doble dimensión. Hacia Bolivia, fue una ruptura discursiva con la etapa de Evo Morales y con la corriente ideológica que, según su relato, condicionó al país durante dos décadas. Hacia el exterior, fue la presentación de una Bolivia que busca capital, tecnología, mercados y alianzas para transformar sus recursos en desarrollo.
En la ONU, Paz intentó dejar una imagen concreta: Bolivia quiere cambiar de modelo y volver a mirar hacia el mundo.
Por Equipo de redacción
