El presidente chileno José Antonio Kast informó que conversó telefónicamente con Lula para felicitarlo. Su mensaje fue más allá del saludo protocolar: afirmó que Chile y Brasil tienen «mucho futuro en común» y planteó una agenda centrada en la integración económica y el combate al crimen organizado. Dos prioridades que atraviesan las preocupaciones de los gobiernos de la región, incluso cuando sus posiciones ideológicas son distintas.
Por su parte el mandatario ecuatoriano Daniel Noboa también felicitó a Lula, con una frase que pone el foco en los problemas que trascienden las fronteras: «Nuestra región tiene enemigos comunes, desafíos compartidos y mucho por ganar cuando trabajamos juntos’. Su mensaje privilegia la cooperación frente a amenazas compartidas, en particular relevantes para una región golpeada por el crimen organizado.
Entre tanto la presidenta peruana Keiko Fujimori felicitó a Lula y planteó fortalecer la alianza estratégica entre ambos países. Su mensaje destacó la integración, la cooperación y el desarrollo sostenible de la Amazonía compartida, en vísperas del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre Perú y Brasil. La agenda ambiental aparece así vinculada a una relación bilateral de largo recorrido.
En tanto que el presidente paraguayo Santiago Peña saludó al pueblo brasileño por la jornada electoral y felicitó a Lula. Recordó que Paraguay y Brasil comparten una agenda de integración y desarrollo, y expresó su voluntad de seguir trabajando conjuntamente por el bienestar de sus ciudadanos.
Desde Bolivia, Rodrigo Paz felicitó a Lula y destacó que ambos países son «vecinos y hermanos, unidos por una historia y desafíos comunes». También expresó su intención de fortalecer la relación bilateral y generar más oportunidades para sus pueblos. En una relación estratégica para Bolivia, el mensaje abre la puerta a una agenda que debe traducirse en resultados concretos.
Sin embargo, los saludos no borran las diferencias entre gobiernos de derecha y el proyecto político de Lula. Pero sí muestran que, frente a una elección democrática, los intereses económicos, la seguridad y las relaciones entre Estados pueden imponerse a la disputa ideológica. La prueba no estará en las felicitaciones, sino en la capacidad de convertir esas palabras en acuerdos y resultados para sus ciudadanos.
Por Equipo de redacción
