Lun. Oct 26th, 2026

Lula, la experiencia vence y deja una lección política para Rodrigo Paz

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, dice el refrán. Pero en política, hasta el diablo más viejo tiene que volver a convencer a la gente. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil pone sobre la mesa el peso de la experiencia, la construcción de mayorías y la conexión con las demandas ciudadanas. Rodrigo Paz felicitó al mandatario brasileño y destacó los lazos entre ambos países, pero el resultado también abre una lectura que va más allá de la diplomacia: ¿qué puede aprender Bolivia de un dirigente que vuelve a conquistar el respaldo electoral después de décadas en la política?

Rodrigo Paz felicitó a Lula por su victoria y destacó los vínculos entre ambos países. “Bolivia y Brasil somos países vecinos y hermanos, unidos por una historia y desafíos comunes”, escribió el mandatario boliviano, quien expresó su voluntad de seguir trabajando para fortalecer la relación bilateral y generar oportunidades para ambas naciones.

El mensaje es diplomáticamente correcto. Brasil es un socio estratégico para Bolivia por su peso económico, el comercio, la integración fronteriza y los vínculos energéticos. Mantener una relación constructiva con el Gobierno brasileño es importante, más allá de las diferencias ideológicas que puedan existir entre sus presidentes.

Pero la elección brasileña también ofrece una lectura política que trasciende la diplomacia.

Lula conoce el poder desde dentro. Ha gobernado, enfrentado crisis, cometido errores, reconstruido alianzas y vuelto a disputar el respaldo popular. Su trayectoria muestra que la experiencia puede ser una ventaja cuando se traduce en estrategia, capacidad de negociación y comprensión de las demandas sociales.

Sin embargo, la edad no garantiza sabiduría ni la experiencia asegura buenos resultados. La victoria electoral tampoco equivale a un cheque en blanco. Brasil sigue atravesado por una profunda polarización, y el nuevo mandato de Lula tendrá que responder a las expectativas de quienes lo respaldaron y a las preocupaciones de quienes no lo hicieron.

Llegar al Gobierno con la promesa de transformar el país es apenas el comienzo. Después vienen las decisiones difíciles: recuperar la economía, contener el costo de vida, generar empleo, dar seguridad jurídica y demostrar que el Estado puede resolver problemas en lugar de convertirse en una traba para quienes producen.

La ciudadanía puede escuchar discursos, aceptar explicaciones y conceder tiempo. Pero cuando el dinero no alcanza, los precios suben y las oportunidades escasean, la paciencia se desgasta. Ningún Gobierno puede sostener indefinidamente su legitimidad únicamente con las expectativas que despertó al llegar al poder.

Lula deja así una lección que Paz no debería pasar por alto: la experiencia política sirve para conquistar el poder, pero la capacidad de gobernar se mide en resultados. Las alianzas ayudan a construir mayorías; la conexión con la gente permite conservarlas.

Más sabe el diablo por viejo que por diablo, dice el refrán. Pero en política, hasta el diablo más viejo tiene que volver a convencer a la gente.

Por Equipo de redacción

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