Bolivia se prepara para las elecciones generales del 17 de agosto de 2025 en un contexto de alta polarización y fragmentación política. El Movimiento al Socialismo (MAS), que ha dominado el panorama político desde 2006, atraviesa una crisis interna sin precedentes que podría alterar el equilibrio de poder. Mientras tanto, la oposición, históricamente incapaz de consolidar un frente único, permanece dividida, con candidatos como Samuel Doria Medina y Jorge «Tuto» Quiroga compitiendo por separado; además de Manfred Reyes debilitado por el problema de la basura en Cochabamba.
El MAS, que en 2020 consolidó su liderazgo con una victoria contundente bajo Luis Arce, enfrenta una fractura que amenaza su cohesión. La división interna se manifiesta en tres facciones: los evistas, leales al expresidente Evo Morales, con una base sólida en las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba; los arcistas, liderados por el presidente Arce, que promueven una gestión de un modelo de industrialización; y los androniquistas, encabezados por Andrónico Rodríguez, presidente del Senado, quien busca renovar el proyecto masista con un discurso que apela a sectores juveniles y bases tradicionales. Morales enfrenta un obstáculo legal tras ser inhabilitado por el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), que dictaminó que la reelección indefinida no es un derecho humano. A pesar de esto, el expresidente mantiene una fuerte influencia, organizando congresos, reuniones y acusando a Arce por las redes sociales de traicionar los ideales indígenas del MAS. Arce, por su parte, centra su narrativa en la industrialización y la estabilidad económica, pero enfrenta críticas por la escasez de dólares, combustibles y el alza de precios. Rodríguez, posicionado como una figura conciliadora, ha ganado respaldo en el Chapare y otras regiones, aunque su ascenso evidencia las tensiones internas del oficialismo. Esta fragmentación podría dificultar que el MAS mantenga la unidad necesaria para replicar sus victorias históricas, abriendo la puerta a un escenario competitivo que no enfrentaba desde 2005.
La oposición, lejos de consolidarse, permanece fragmentada tras el colapso del Bloque Unido de Oposición, anunciado en diciembre de 2024 por Carlos Mesa, Jorge «Tuto» Quiroga, Samuel Doria Medina y Luis Fernando Camacho. La salida de Mesa y Camacho de la carrera presidencial, junto con la falta de acuerdos entre los líderes restantes, ha debilitado esta iniciativa. Quiroga y Doria Medina han optado por competir por separado, sin intenciones de unificar candidaturas, lo que reduce las posibilidades de un frente opositor sólido. Quiroga, líder de la alianza Libre-Libertad y Democracia, apela a sectores conservadores y urbanos con un discurso centrado en la recuperación institucional y la crítica al MAS. En una entrevista con Correo del Sur Radio el 3 de abril de 2025, evitó comprometerse a una candidatura única y destacó la existencia de múltiples proyectos opositores, incluyendo los de Doria Medina, Manfred Reyes Villa y Chi Hyun Chung. La falta de un liderazgo unificado, según analistas como Erika Brockmann, limita la capacidad de la oposición para articular una alternativa coherente frente al oficialismo.
Doria Medina, candidato de Unidad Nacional, basa su campaña en un mensaje de recuperación económica, prometiendo soluciones a la escasez de combustibles y dólares. Su experiencia como empresario y exministro le otorga reconocimiento en sectores urbanos y de clase media, pero su historial de derrotas electorales en 2005, 2009 y 2014, junto con su breve alianza con Jeanine Áñez en 2020, genera desconfianza entre algunos votantes. Su decisión de competir de forma independiente, confirmada tras el fracaso de las negociaciones con Quiroga, refleja las profundas divisiones dentro de la oposición.
Manfred Reyes Villa, candidato de Autonomía Para Bolivia-Súmate (APB-Súmate) y alcalde de Cochabamba, enfrenta un desgaste significativo debido a la crisis de basura en su ciudad. Desde abril de 2025, Cochabamba ha lidiado con un conflicto de dos semanas por la acumulación de residuos, lo que ha generado críticas a la gestión de Reyes Villa. Publicaciones en redes sociales, destacan que el alcalde no ha logrado resolver la situación, afectando su imagen incluso en su bastión electoral. Aunque mantiene apoyo local, su proyección nacional se ve limitada por este escándalo y su negativa a integrarse al Bloque de Unidad. En enero de 2025, Reyes Villa criticó la alianza de Quiroga, Doria Medina, Mesa y Camacho, acusándolos de facilitar el retorno del MAS en 2020, lo que refuerza su postura independiente.
Otros actores, como el pastor evangélico Chi Hyun Chung y el analista financiero Jaime Dunn, buscan posicionarse como alternativas, pero su falta de estructuras partidarias dificulta su alcance. La oposición enfrenta el desafío de superar rivalidades internas y articular una narrativa que conecte con un electorado frustrado por la crisis económica, caracterizada por la escasez de combustibles, la falta de dólares y el alza de precios.
Luis Arce enfrenta un panorama económico adverso que complica su campaña. Su discurso de industrialización, centrado en proyectos como la explotación de litio y la creación de empresas estatales, choca con una realidad de déficits fiscales y un mercado interno debilitado. Arce atribuye la crisis a la especulación y a maniobras políticas de Morales y la oposición, pero la falta para diversificar la economía, aún dependiente de exportaciones primarias como el gas, ha generado críticas. Analistas como Jimena Costa advierten que, sin reformas estructurales, el próximo gobierno enfrentará un escenario económico crítico, comparable a contextos de mayor inestabilidad en la región.
El panorama electoral de 2025 se perfila como uno de los más complejos en dos décadas. La división interna del MAS, combinada con la fragmentación de la oposición, crea un escenario de alta incertidumbre. Si el oficialismo no logra unificar sus facciones, el camino hacia una elección competitiva se abre, aunque la oposición necesitará superar sus divisiones para capitalizar esta oportunidad. La inhabilitación de Morales, por su parte, plantea riesgos de convulsión social, con sus bases cocaleras amenazando con protestas si perciben su exclusión como una maniobra política. Los próximos meses serán decisivos para determinar si Bolivia transita hacia una renovación política o se sume en un ciclo de inestabilidad.
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