La diferencia entre esos titulares también permite entender la dimensión del episodio.
AP coloca la decisión dentro de una acción regional de la administración de Donald Trump contra 27 funcionarios, exfuncionarios y familiares de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.
EFE pone el acento en las restricciones migratorias y destaca que Bolivia concentra el mayor número de personas alcanzadas por la medida.
El País amplía el encuadre y lo conecta con una política más amplia de Washington hacia América Latina: una ofensiva que alcanza a jueces, fiscales, empresarios y políticos.
El South China Morning Post, a partir de la información de AP, incorpora la dimensión geopolítica y resalta que las medidas alcanzan incluso a funcionarios de países cuyos gobiernos mantienen relaciones amistosas con Trump.
Pero cuando la mirada internacional aterriza en Bolivia, el caso adquiere otro peso.
Washington acusa al fiscal general Róger Mariaca de haber solicitado y aceptado sobornos para facilitar el narcotráfico y ayudar a criminales violentos a evadir la justicia.
No es una acusación menor. Y tampoco es presentada por esos medios como una simple diferencia diplomática.
Es un señalamiento directo contra la máxima autoridad del Ministerio Público boliviano.
Pero aquí aparece una diferencia fundamental entre informar una acusación y darla por probada.
Los medios internacionales están reproduciendo la posición oficial de Estados Unidos. La información difundida públicamente hasta ahora no expone, con el mismo nivel de detalle, cuáles serían los documentos, testimonios, operaciones u otros elementos que sustentan específicamente los supuestos sobornos atribuidos a Mariaca.
Por Equipo de redacción
