Lo que debía ser una vitrina para posicionarse como el líder de una nueva generación política, terminó siendo una prueba fallida. Gabriela Oviedo, conductora del programa, no le dio tregua, pero Rodríguez pareció más enfocado en esquivar los temas incómodos que en presentar soluciones.
Cuando se le consultó sobre la orden de aprehensión contra Evo Morales, Rodríguez intentó caminar por la cuerda floja: “Haremos cumplir la ley”, repitió una y otra vez, sin profundizar si eso implicaría realmente enfrentar al líder histórico del MAS. La ambigüedad fue el hilo conductor de toda su intervención.
Sobre la crisis económica y la tensión cambiaria, sus respuestas fueron aún más endebles: habló de “regular el tipo de cambio” y “dialogar con sectores”, sin presentar medidas concretas. Y cuando se tocó el tema sensible del desabastecimiento de combustibles, solo lanzó frases vagas, evitando comprometerse con soluciones de corto plazo.
En redes sociales, la reacción fue inmediata. Usuarios como @luiscaizari lo calificaron de “vacío” y otros como @danieje4 criticaron que “dice todo y nada”. La periodista y analista Maggy Talavera fue aún más directa, señalando que el senador carece del coraje político necesario para tomar medidas drásticas que exige la coyuntura.
Su supuesta independencia de Evo Morales también quedó en entredicho: por momentos quiso marcar distancia, pero sus respuestas mostraron que aún baila al ritmo del histórico líder cocalero. Su imagen quedó atrapada entre la sumisión y el intento de emancipación, sin definirse del todo.
Rodríguez buscó pintar un futuro prometedor, pero su retórica resultó más floja que convincente, dejando la sensación de que el candidat aún no está listo para enfrentar los grandes desafíos del país. Bolivia, en crisis y a la espera de liderazgos claros, no tiene tiempo para discursos “laite”.
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