Sáb. Ago 15th, 2026

El pueblo no extrañará a Lucho”: la disputa por el legado de Arce se cruza con la credibilidad del Censo

El debate sobre si Bolivia extrañará o no al presidente Luis Arce ha trascendido la arena de las frases punzantes y se ha instalado en el terreno de la legitimidad de los datos. Mientras Arce asegura que el Censo 2024 prueba avances sociales que marcarán su legado, Evo Morales y Fernando Camacho desconfían de esas cifras y apuntan al trasfondo político de un proceso controlado por el propio gobierno.

La frase de Luis Arce asegurando que “el pueblo nos va a extrañar” abrió una tormenta de reacciones. Evo Morales replicó que “solo ellos extrañarán el dinero que robaron”, mientras Fernando Camacho sentenció que “nadie extrañará al peor presidente de la historia”. Detrás de la guerra de declaraciones, emerge un elemento clave: el Censo 2024, cuyos resultados el Gobierno exhibe como prueba de sus avances sociales, pero cuya credibilidad sigue bajo cuestionamiento.

Lejos de ser un mero ejercicio estadístico, el Censo se ha convertido en un instrumento político. El Ejecutivo, a través del Instituto Nacional de Estadística (INE), maneja los tiempos y la metodología del proceso. Y aunque se asegura que hubo acompañamiento de organismos internacionales como la CEPAL y el Fondo de Población de Naciones Unidas, no existió una auditoría integral que certifique con independencia la fiabilidad de los datos.

Los resultados preliminares que Arce usa como bandera –mejoras en inclusión educativa, atención médica y vivienda– son presentados como legado de gestión. Sin embargo, especialistas y opositores advierten que la falta de transparencia en la cartografía, capacitación de censistas y publicación de microdatos mina la confianza pública. Para Evo Morales, el Censo no prueba avances, sino que refleja un aparato estatal “usurpado” por el entorno de Arce; para Camacho, los números se diluyen ante la crisis de diésel, dólares y canasta familiar que golpea al ciudadano común.

La disputa va más allá de los discursos. Los resultados censales inciden directamente en la redistribución de escaños parlamentarios y en la coparticipación tributaria entre regiones, lo que explica la feroz batalla política. Mientras el Gobierno se aferra a las cifras para defender su relato, sus críticos demandan una verificación metodológica que garantice independencia y confianza en el proceso.

En este escenario, el Censo deja de ser un conteo poblacional para convertirse en una arena de legitimación política. Arce insiste en que será recordado por sus logros sociales; Morales y Camacho replican que lo que se extrañará no serán avances, sino la oportunidad de corregir un rumbo marcado por la desconfianza.

Redaccion central La Paz

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