Violaciones de menores, acusaciones de racismo, robos utilizando el Estado, fraudes electorales, falta de dólares, falta de diésel… ¿sigo?”, escribió Marcelo Claure en un mensaje que se volvió eco del desencanto nacional. En pocas líneas, el empresario dibujó la radiografía de una sociedad agotada, donde el caos institucional parece la nueva normalidad.
Su comentario no es solo una crítica económica ni política: es moral. Porque en el fondo, el país enfrenta algo más que inflación o desabastecimiento —enfrenta la erosión del ejemplo. Y ahí es donde aparece la figura del presidente Luis Arce, cada vez más percibido como “el padre mal ejemplo”: el que pide orden mientras tolera el desorden, el que exige transparencia mientras calla ante la opacidad, el que promete futuro mientras deja que la casa se consuma en conflictos.
El problema no es solo de gestión, sino de coherencia. La gente no busca un gobierno perfecto, sino uno que predique con el ejemplo. Y cuando ese ejemplo desaparece, como advierte Claure, la lista de males parece interminable.
Redacción central La Paz
