La decisión fue respaldada por amplios sectores legislativos que destacaron el significado cultural y moral de los símbolos religiosos como parte de la identidad del país. En la sesión, la mayoría coincidió en que “recuperar la Biblia y el crucifijo no es imponer una creencia, sino reconocer la fe que une al pueblo boliviano”.
Desde 2009, cuando la nueva Constitución declaró a Bolivia como Estado laico, ambos símbolos habían sido retirados del estrado legislativo, generando un debate persistente entre laicismo y tradición. Sin embargo, el actual Parlamento, dominado por las fuerzas del PDC, Libre y Unidad, consideró que el retorno de estos emblemas representa una forma de reconciliar el espíritu nacional con sus raíces históricas y culturales.
Aunque se aclaró que cada asambleísta podrá jurar según su fe o convicción, el gesto tiene una carga profundamente simbólica. Significa reconectar la institucionalidad con los valores compartidos, en un contexto donde la política boliviana busca recuperar credibilidad y sentido ético ante la ciudadanía.
Redacción central La Paz
