Sáb. Ago 15th, 2026

Cuando volar dentro de Bolivia es más caro que ir al exterior: la señal de alarma que el Gobierno no quiere escuchar

Volar dentro de Bolivia empieza a parecer un lujo, no un servicio público. En silencio administrativo y sin un estudio de costos transparente, la Autoridad de Transportes autorizó un incremento en las tarifas aéreas que vuelve a poner bajo la lupa el verdadero funcionamiento del mercado aeronáutico nacional. La reacción no tardó: usuarios, analistas y actores políticos advierten que la medida no solo golpea el bolsillo, sino que empuja la inflación y desnuda un problema más profundo —un sistema sin competencia real, sin control de eficiencia y con una aerolínea estatal que dejó de ser estratégica para convertirse en un factor de distorsión.

La actualización de tarifas máximas para vuelos nacionales provocó un inmediato malestar ciudadano. Más allá del porcentaje del incremento, el cuestionamiento central apunta a la ausencia de un análisis público de costos que explique por qué los pasajes deben subir. No se conocen estudios detallados sobre estructura operativa, eficiencia de flota, carga financiera o impacto logístico. En un contexto donde la inflación comienza a presionar nuevamente a los hogares, cualquier ajuste en transporte tiene un efecto multiplicador sobre precios, turismo interno, comercio regional y conectividad productiva.

El empresario y líder político Samuel Doria Medina fue más directo: recordó que el combustible de aviación nunca estuvo subvencionado, por lo que el argumento clásico del “ajuste por retiro de subsidios” no aplica en este caso. A su juicio, encarecer los vuelos contradice el objetivo prioritario que debería tener el Estado: contener la inflación. El dato que expuso es demoledor para el relato oficial: viajar de La Paz a Riberalta puede costar proporcionalmente entre 2,2 y 5,6 veces más que volar a Lima o incluso a Madrid, una señal de que el mercado interno está castigando a sus propias regiones.

Para el analista Franz Rafael Barrios, el problema no es solo tarifario, sino estructural. Mientras el mercado aéreo boliviano siga cerrado y con baja competencia, los precios dependerán más de decisiones administrativas que de eficiencia real. Su planteamiento apunta a una política efectiva de cielos abiertos, donde nuevas aerolíneas puedan ingresar y generar presión competitiva. En ese escenario, la reducción de tarifas vendría por mayor oferta, no por decretos ni controles formales que suelen llegar tarde y mal.

Alexander Torrico añade otro elemento incómodo: BoA opera prácticamente sin competencia y arrastra una pesada carga financiera, lo que permite que las ineficiencias internas terminen trasladándose al usuario. La aerolínea estatal, lejos de consolidar integración territorial y desarrollo regional, funciona como un mercado cautivo. El debate ya no es solo cuánto cuesta un pasaje, sino qué modelo económico está encareciendo la movilidad, debilitando la competitividad interna y tensionando la estabilidad de precios en un año políticamente sensible.

Redacción central La Paz

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