La actualización de tarifas máximas para vuelos nacionales provocó un inmediato malestar ciudadano. Más allá del porcentaje del incremento, el cuestionamiento central apunta a la ausencia de un análisis público de costos que explique por qué los pasajes deben subir. No se conocen estudios detallados sobre estructura operativa, eficiencia de flota, carga financiera o impacto logístico. En un contexto donde la inflación comienza a presionar nuevamente a los hogares, cualquier ajuste en transporte tiene un efecto multiplicador sobre precios, turismo interno, comercio regional y conectividad productiva.
El empresario y líder político Samuel Doria Medina fue más directo: recordó que el combustible de aviación nunca estuvo subvencionado, por lo que el argumento clásico del “ajuste por retiro de subsidios” no aplica en este caso. A su juicio, encarecer los vuelos contradice el objetivo prioritario que debería tener el Estado: contener la inflación. El dato que expuso es demoledor para el relato oficial: viajar de La Paz a Riberalta puede costar proporcionalmente entre 2,2 y 5,6 veces más que volar a Lima o incluso a Madrid, una señal de que el mercado interno está castigando a sus propias regiones.
Para el analista Franz Rafael Barrios, el problema no es solo tarifario, sino estructural. Mientras el mercado aéreo boliviano siga cerrado y con baja competencia, los precios dependerán más de decisiones administrativas que de eficiencia real. Su planteamiento apunta a una política efectiva de cielos abiertos, donde nuevas aerolíneas puedan ingresar y generar presión competitiva. En ese escenario, la reducción de tarifas vendría por mayor oferta, no por decretos ni controles formales que suelen llegar tarde y mal.
Alexander Torrico añade otro elemento incómodo: BoA opera prácticamente sin competencia y arrastra una pesada carga financiera, lo que permite que las ineficiencias internas terminen trasladándose al usuario. La aerolínea estatal, lejos de consolidar integración territorial y desarrollo regional, funciona como un mercado cautivo. El debate ya no es solo cuánto cuesta un pasaje, sino qué modelo económico está encareciendo la movilidad, debilitando la competitividad interna y tensionando la estabilidad de precios en un año políticamente sensible.
Redacción central La Paz
