En Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra, La Paz y otras capitales, los reporteros constataron un movimiento comercial intenso: rosas rojas, chocolates artesanales, globos en forma de corazón y reservas agotadas en restaurantes. San Valentín volvió a demostrar que el amor también dinamiza la economía, convirtiéndose en un termómetro del consumo urbano.
Más allá del mercantilismo —visible y vibrante— hubo gestos públicos. En Cochabamba, el alcalde Manfred Reyes Villa valoró públicamente su relación con su esposa, recordando que la política también tiene espacio para lo íntimo. No se trató de un mensaje institucional ni de una agenda de comunal, pero sí de una expresión personal que conectó con el espíritu del día.
Sin embargo, el pulso cultural del país latía con fuerza propia. El Carnaval, con su despliegue de danzas, música y tradición, capturó cámaras y titulares. En Santa Cruz y otras regiones, la agenda festiva ocupó el centro de la escena mediática, relegando el 14 de febrero a un segundo plano informativo.
Así, Bolivia vivió un San Valentín apasionado pero compartido: entre el susurro de los enamorados y el estruendo de las bandas carnavaleras; entre la rosa entregada y la diablada danzada. El amor floreció, sí, pero el Carnaval rugió más fuerte.
Por: Equipo de redacción
