Espinoza afirmó que el Gobierno logró frenar la inflación y estabilizar el tipo de cambio sin recurrir a intervenciones directas en el mercado cambiario. Según explicó, la estrategia consistió en devolver transparencia, reglas claras y certidumbre a los agentes económicos. En un escenario marcado por tensiones fiscales y desconfianza acumulada, el ministro sostuvo que la prioridad fue reconstruir expectativas antes que imponer medidas de ajuste abrupto.
Uno de los puntos centrales de su defensa fue el proceso de “de-risking” que, asegura, ya empieza a reflejarse en la caída del riesgo país. Espinoza vinculó este resultado a una intensa agenda internacional orientada a explicar la hoja de ruta económica boliviana, destacando que la estabilización no es producto del azar, sino de señales consistentes hacia los mercados financieros y potenciales inversionistas.
En el plano legislativo, el ministro respondió directamente a las críticas sobre la falta de leyes económicas estructurales. Recordó que el Ejecutivo propuso incorporar una regla de estabilidad fiscal en el Presupuesto General de la Nación para reducir estructuralmente el déficit, iniciativa que —según afirmó— fue bloqueada por la bancada opositora vinculada a Quiroga. “No se puede exigir responsabilidad fiscal y al mismo tiempo obstaculizar los instrumentos que la garantizan”, enfatizó.
Finalmente, Espinoza marcó un contraste ideológico con lo que definió como “recetas de los años noventa”: ajustes de shock y medidas desancladas del contexto social actual. El Gobierno, aseguró, optó por estabilizar sin provocar costos sociales mayores, aplicando medidas secuenciadas y técnicamente sólidas. A su juicio, el país necesita certidumbre y debate serio, no narrativas que generen incertidumbre en una etapa clave de recuperación.
Por: Equipo de redacción
