Sáb. Ago 15th, 2026

Operativo sin control fiscal y denuncias de robo: el caso Marset abre un nuevo frente de crisis institucional

Las versiones sobre un operativo irregular en el caso de Sebastián Marset no solo apuntan a fallas de coordinación, sino que escalan hacia un terreno más delicado: la presunta comisión de delitos durante la intervención. Analistas advierten que la ausencia de control fiscal y las denuncias de robo —incluyendo dineros de cajas fuertes— podrían comprometer no solo el caso, sino la credibilidad del sistema penal.

En Bolivia, la regla es clara: el Ministerio Público dirige la investigación penal, conforme a la Constitución y al Código de Procedimiento Penal. Sin embargo, en operativos de alto riesgo, las fuerzas del orden pueden actuar de forma inicial sin presencia fiscal, siempre que exista urgencia o flagrancia. El problema surge cuando esa actuación no es inmediatamente informada ni validada por un fiscal.

En este contexto, las versiones de que el fiscal general, Roger Mariaca Montenegro, no habría sido informado del operativo contra Marset elevan el nivel de preocupación institucional. Si bien no es obligatorio que el fiscal general conozca cada acción, sí es imprescindible que exista dirección funcional de un fiscal competente. Sin ese elemento, cualquier acto investigativo queda jurídicamente debilitado.

Pero el punto más crítico no es solo la forma, sino el fondo. Las denuncias sobre el supuesto robo de bienes durante el operativo obligan a abrir una investigación penal paralela. Bajo el Código Penal de Bolivia, estos hechos podrían configurar delitos como robo agravado, uso indebido de bienes o incumplimiento de deberes, especialmente si involucran a funcionarios públicos.

Esto genera un efecto dominó: la investigación principal podría verse contaminada. La defensa de los implicados tendría argumentos para cuestionar la legalidad de las pruebas, alegar ruptura de cadena de custodia o incluso denunciar manipulación de evidencias. En términos prácticos, el caso podría debilitarse antes de llegar a juicio.

Más allá del expediente, el episodio refleja un problema mayor: la posible fractura entre el Ejecutivo, la Policía y el Ministerio Público. Cuando la coordinación institucional falla en casos de alto perfil, el impacto no es solo jurídico, sino político.

Por Equipo de redacción

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