El transporte paceño decidió frenar actividades tras semanas de malestar acumulado. La raíz del problema sigue siendo la misma: la gasolina observada por su calidad y los daños que —según los choferes— dejó en sus vehículos.
“No es que no queramos trabajar, pero así no se puede”, comenta un conductor de una línea en La Paz. Y lo dice sin filtro, como se escucha en las paradas y trancas: “nos están mamando los del gobierno”. La frase, más allá de lo coloquial, refleja un sentimiento extendido de desconfianza.
Desde el lado oficial, YPFB sostiene que la compensación ya está en curso, que existen pagos realizados y que el proceso sigue avanzando. Incluso, se insiste en que la calidad del combustible actual está garantizada y que el paro no tendría justificación.
Sin embargo, el problema no parece ser solo técnico o administrativo, sino de percepción. Para los choferes, el dinero no llega a tiempo o no cubre los daños; para el Gobierno, el compromiso ya se está cumpliendo. En medio de esa brecha, la ciudad queda otra vez al borde del caos.
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Por Equipo de redacción
