El tipo de cambio oficial comenzó a fluctuar y el dólar pasó de alrededor de Bs 9,70 a Bs 10,40. Aunque el incremento no parece desproporcionado en términos porcentuales, el mayor riesgo radica en las expectativas. Cuando familias y empresas creen que la divisa seguirá subiendo, aumenta la demanda de dólares, se reduce la oferta y la presión sobre el mercado se intensifica.
En este escenario, algunos economistas proponen constituir un fondo de estabilización con recursos de organismos internacionales. La medida podría otorgar liquidez en el corto plazo y reforzar las reservas, pero también abre un debate: si esos recursos no están acompañados por una estrategia para generar más dólares, el problema podría trasladarse al futuro en forma de mayor deuda, según Juan Alberto Torres, economista y analista.
El desafío es más profundo. Incentivar la producción es una condición necesaria, pero no suficiente. Sin mercados donde colocar esa producción, sin mayor competitividad y sin reglas que atraigan inversión, el ingreso de divisas seguirá siendo limitado. Abrir mercados externos, impulsar las exportaciones y crear condiciones para la inversión son procesos que requieren tiempo y estabilidad.
A ello se suma la discusión sobre el tamaño del Estado, la carga tributaria, las subvenciones y los programas de gasto público. Cualquier ajuste puede mejorar las cuentas fiscales, pero también tiene costos económicos y sociales si no se ejecuta de forma gradual y con una estrategia integral.
La principal lección es que no existe una medida única capaz de resolver la escasez de dólares. Ni los préstamos, ni el ajuste fiscal, ni el incentivo a la producción, por sí solos, garantizan una solución sostenible. La estabilidad cambiaria dependerá de recuperar la confianza, aumentar el ingreso genuino de divisas y aplicar políticas coherentes que respondan tanto a las urgencias del presente como a los desafíos estructurales de la economía boliviana.
Por Equipo de redacción
