Senatex presentó los nuevos uniformes oficiales para el personal de la Casa Presidencial y destacó el detalle del Escudo Nacional en las prendas. Desde la perspectiva institucional, se trata de una presentación de indumentaria para quienes trabajan en esa dependencia del Estado.
Pero la noticia adquirió otra dimensión con la crítica de Calasich, quien cuestionó que el Gobierno proyecte una imagen de privilegio mientras la ciudadanía soporta las dificultades económicas y reclama respuestas concretas.
Su expresión «familia real» es una provocación política, no una prueba de que existan beneficios familiares irregulares. Sin embargo, plantea una discusión que trasciende la ropa: ¿cómo debe comportarse el poder en una república?
El Palacio Presidencial no es propiedad de quien ocupa la silla presidencial. Es la sede de una institución pública y, como tal, debe representar a todos los bolivianos, no transmitir la impresión de que sus ocupantes pertenecen a una categoría privilegiada.
Tampoco corresponde confundir una presentación de uniformes con un despilfarro sin conocer su costo, el procedimiento de contratación y su justificación. La austeridad estatal se mide con presupuestos, gastos y resultados, no únicamente con impresiones.
La cuestión de fondo es otra: en un momento de dificultades económicas, el Gobierno necesita demostrar que sus prioridades están conectadas con las necesidades de la población. La imagen institucional también comunica, y cada decisión pública puede alimentar confianza o despertar suspicacias.
Porque el Escudo Nacional puede bordarse en un uniforme, pero la legitimidad del poder se construye con hechos. En una república, nadie recibe una corona por llegar a Palacio: recibe una responsabilidad que debe ejercer en nombre de todos.
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Por Equipo de redacción
