Mié. Oct 21st, 2026

Libre se parte: ¿una pelea por el mando o por los intereses en la Asamblea?

La alianza Libre, que parecía tener suficiente solidez para sostener una oposición cohesionada, comienza a resquebrajarse. La disputa por la jefatura de bancada en Diputados enfrenta al sector de Lissa Claros, alineado con Tuto Quiroga, con el ala que ratificó a Rafael López y reúne a parlamentarios de Demócratas y el FRI. Pero la división abre una interrogante que va más allá de los cargos: ¿son diferencias políticas o también están en juego intereses y espacios de poder en la Asamblea Legislativa?

La división dejó de ser un rumor para convertirse en una disputa pública por la representación de Libre. Dos sectores reivindican su legitimidad y cuestionan los procedimientos de sus adversarios. Sin embargo, detrás de la confrontación por la jefatura hay una cuestión que merece atención: qué intereses políticos están moviendo las piezas dentro de la alianza.

En los pasillos legislativos circulan versiones sobre cargos, cuotas de poder y posibles acercamientos al Gobierno de Rodrigo Paz. Son versiones que no pueden presentarse como hechos probados, pero que adquieren relevancia periodística cuando se contrastan con denuncias públicas y con el comportamiento de los propios legisladores.

No es la primera vez que aparecen estas sospechas. En meses anteriores, parlamentarios de Libre denunciaron presuntos ofrecimientos de cargos y beneficios a cambio de respaldos políticos. Rafael López también formuló acusaciones sobre supuestos chantajes relacionados con puestos de trabajo para familiares de legisladores. Esas denuncias requieren pruebas independientes y respuestas de los aludidos; por sí solas, no demuestran que tales prácticas expliquen la actual fractura.

La cuestión de fondo es política. Una bancada unida tiene mayor capacidad para negociar, fiscalizar al Ejecutivo y defender posiciones comunes, señala un politólogo. Dividida, puede perder fuerza y convertirse en un espacio donde cada facción busque preservar su influencia y capacidad de decisión.

Por eso, más allá de quién consiga imponer su jefatura, habrá que observar cómo votan ambos sectores, qué posiciones asumen frente al Gobierno y si sus decisiones mantienen coherencia con el papel opositor que Libre reivindica.

La fractura está a la vista; los intereses que podrían alimentarla todavía deben demostrarse. El desafío periodístico es seguir el rastro de las decisiones, contrastar las denuncias y establecer si detrás de la disputa orgánica existe una recomposición de fuerzas alrededor del poder político.

Por Equipo de redacción

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