El planteamiento de Paz tiene una lectura que va más allá de la creación de un nuevo organismo. Bolivia aspira a convertirse en un punto de encuentro regional para estudiar, anticipar y coordinar respuestas frente a organizaciones criminales que operan sin reconocer fronteras.
El narcotráfico, el lavado de dinero, la trata de personas y el tráfico de armas son fenómenos que no pueden enfrentarse exclusivamente desde las fronteras nacionales. Una red criminal puede operar en varios territorios, mover recursos a través de circuitos financieros internacionales y aprovechar las debilidades institucionales de distintos países.
En ese escenario, el centro propuesto podría funcionar como un espacio de pensamiento estratégico, investigación, formación especializada e intercambio de experiencias. No necesariamente como una fuerza policial supranacional, sino como una instancia capaz de generar conocimiento y contribuir a que los gobiernos diseñen políticas de seguridad con una visión regional.
La iniciativa también tiene una dimensión diplomática. Convertirse en sede de un organismo iberoamericano permitiría a Bolivia ganar presencia en una agenda internacional donde la seguridad, la cooperación y el combate a las economías criminales ocupan un lugar cada vez más importante.
Otro componente concreto es la posibilidad de recuperar las instalaciones del antiguo Parlamento de la Unasur, en San Benito, Cochabamba, para darles una nueva función. Una infraestructura que quedó sin el uso previsto podría convertirse en un espacio de encuentro y cooperación internacional.
Sin embargo, entre anunciar la propuesta y ponerla en funcionamiento existe una distancia institucional que deberá resolverse. Será necesario conseguir el respaldo de los países participantes, establecer reglas de funcionamiento, definir las atribuciones del organismo y garantizar recursos económicos para sostener sus actividades.
También será importante precisar qué instituciones bolivianas participarán y cómo se garantizará que el trabajo tenga rigor técnico, independencia y continuidad, más allá de los cambios de gobierno.
La propuesta tiene una oportunidad: Bolivia podría dejar de ser solamente un territorio afectado por las dinámicas del crimen organizado para convertirse en un actor que contribuya a construir respuestas regionales.
Por Equipo de redacción
