A días del balotaje más cerrado de los últimos años, una nueva encuesta volvió a mover el tablero. Jorge “Tuto” Quiroga marca el 42,9 % y Rodrigo Paz el 38,7 %, pero más allá de los números, lo que se respira en la calle es otra cosa: incertidumbre, cansancio y una fe que se mueve entre la memoria y el estómago.
No hay ganador, hay empate técnico. Los expertos le llaman margen de error, pero el pueblo le dice “decisión del momento”. Esa que llega cuando miras la papeleta, respiras hondo y marcas no al que más te convenció, sino al que te da menos miedo.
En estas elecciones, el voto no será lógico, será instintivo. La gente ya escuchó demasiadas promesas, demasiadas peleas y muy poca propuesta. Por eso, el silencio en las encuestas vale más que cualquier porcentaje: el 10 % de indecisos no espera un discurso, espera una señal.
Y ahí está la diferencia. El candidato que entienda que el país no quiere ser adoctrinado, sino escuchado, podría ganar sin gritar. No será el más fuerte ni el más astuto quien venza, sino quien logre que la gente crea por unos segundos que su voto puede sanar algo.
Porque el domingo 19 de la segunda vuelta no se vota solo con el lápiz.
Se vota con el recuerdo, con el miedo, con la esperanza y, sobre todo, con el corazón.
Redacción central Cochabamba
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