El informe de Perspectivas Económicas Mundiales (WEO, octubre 2025) del Fondo Monetario Internacional muestra una región que crece con lentitud, pero sin sobresaltos mayores. América Latina y el Caribe, en promedio, registrarían un avance de 2,1 %, impulsados por México, Brasil y Centroamérica.
Sin embargo, Bolivia queda en el extremo opuesto: la economía más rezagada de Sudamérica, con la proyección de inflación más elevada y un crecimiento que bordea el estancamiento.
El FMI señala que la economía boliviana enfrenta un desequilibrio macroeconómico profundo producto de la reducción sostenida de sus exportaciones de gas natural, el deterioro de sus cuentas fiscales y la persistente escasez de divisas. A esto se suma la depreciación del boliviano en el mercado paralelo y el aumento del gasto público, que presionan los precios internos y alimentan la inflación.
Según el organismo, el país deberá fortalecer su marco fiscal, mejorar la transparencia en las finanzas públicas y adoptar medidas que restauren la confianza del mercado. Las reservas internacionales netas continúan en niveles históricamente bajos, lo que limita la capacidad del Banco Central para intervenir con eficacia en el mercado cambiario.
Mientras otros países de la región han logrado estabilizar su inflación —como Brasil, Chile y Perú—, Bolivia se aleja de ese patrón. La proyección del 26,2 % de inflación en 2025 no solo es la más alta de América Latina, sino que triplica el promedio regional, un síntoma de una economía que perdió su ancla nominal y atraviesa un proceso de distorsión interna.
El FMI insiste en que, sin reformas estructurales focalizadas, Bolivia difícilmente recuperará el dinamismo empresarial. Mejorar la productividad, diversificar las exportaciones y modernizar la política fiscal son condiciones mínimas para evitar que el estancamiento derive en una crisis prolongada.
Redacción central Cochabamba
