El viaje de Rodrigo Paz a Miami este próximo 7 de marzo no es una visita de cortesía; es, en términos crudos, un examen de alineamiento. En las últimas horas, el gobierno ha acelerado decisiones que parecen «puntos extra» en su hoja de vida ante Washington. El retiro de Bolivia del bloque propalestino en La Haya —agradecido públicamente por Israel este 4 de marzo— es la señal más clara de que Paz está dispuesto a romper con la herencia ideológica del pasado para asegurar el apoyo de la administración Trump.
El gran interrogante es si bajo el brazo Paz lleva una verdadera estrategia con visión de futuro. El mandatario defiende su modelo «50/50» con problemas de discursos con su veceministra de Autonomías y la eliminación de más de 60 leyes y 40 decretos que, según Paz, conforman el «Estado Tranca». Esta intención de desburocratizar el país y abrirlo a la inversión privada suena prometedora para un pueblo cansado de la ineficiencia. Pero una nación no se construye solo borrando lo anterior; se construye con objetivos claros que pongan al ser humano y al trabajo digno en el centro, no solo al capital extranjero, dice el economista, Carlos Gómez.
Hasta ahora, gran parte del discurso oficial sigue absorbido por el espejo retrovisor. El gobierno dedica esfuerzos significativos a señalar los errores de las gestiones de Morales y Arce, una verdad necesaria pero insuficiente para gobernar. El examen ante Trump será la prueba de fuego: si Paz se presenta solo como el «anti-MAS», será visto como un aliado circunstancial. Si se presenta con un plan industrial serio para el litio y la tecnología, Paz podría empezar a dibujar una visión de país, señala el empresario Roberto Fernández.
La visión de futuro que Bolivia necesita va más allá de un desembolso del FMI o el retorno de la DEA. Requiere una reconciliación interna que el discurso de confrontación con el pasado aún no permite. Al levantar la mano ante Trump, Paz debe cuidar que su compromiso sea con el bienestar a largo plazo de los bolivianos y no solo con la supervivencia de su mandato. El verdadero éxito no se medirá por los aplausos en Miami, sino por la llegada del combustible no contaminado y la estabilidad del pan en las mesas bolivianas más vulnerables.
Por: Equipo de redacción
