En Chile la marraqueta forma parte de la cultura cotidiana y existe una larga tradición alrededor de este pan. Ahora, la intención de promover su inscripción como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad vuelve a poner el origen en el centro de la conversación.
Bolivia tiene algo que decir en esa historia. En La Paz, la marraqueta también es conocida como pan de batalla y está profundamente ligada a la vida cotidiana de la ciudad. No es solamente el pan que acompaña el desayuno: es el que se compra temprano en la esquina, el que llega caliente a la mesa y el que durante generaciones ha acompañado café, té y conversaciones familiares.
Y ahí aparece la diferencia que ningún expediente puede transmitir completamente.
Porque una marraqueta paceña no se explica solamente por sus ingredientes. Se reconoce por el sonido.
Ese primer mordisco rompe la corteza con un crujido seco; después aparece la miga suave. Y si además está recién horneada y llega junto a una taza de café caliente, ya no estamos hablando solamente de pan. Estamos hablando de una escena que millones de paceños reconocen.
Por eso, quizá la pregunta no debería ser únicamente quién puede demostrar primero su origen. También habría que preguntarse qué lugar convirtió a la marraqueta en parte de su identidad.
Chile puede reclamar su historia y Bolivia puede defender la suya. La Unesco podrá estudiar documentos, tradiciones y testimonios. Pero hay una prueba que no necesita traducción ni expediente:
ponga una marraqueta paceña recién salida del horno sobre la mesa, sírvase un buen café y dé el primer mordisco.
Entonces escuche.
¿No suena mejor en La Paz?
Por Equipo de redacción
