Paz no habló de una inversión “de derecha” o “de izquierda”. Habló de dólares que lleguen a Bolivia, se conviertan en producción, generen empleo, impulsen industria y aporten al desarrollo. El mensaje tiene una lectura económica, pero también política: el Gobierno pretende diferenciarse de una etapa en la que la relación con el capital privado estuvo atravesada por fuertes condicionamientos ideológicos.
La apuesta parte de una realidad difícil de ignorar. Bolivia necesita inversión para recuperar actividad económica, generar empleo y ampliar su capacidad productiva, mientras el Estado enfrenta restricciones financieras cada vez mayores. En ese escenario, atraer capital privado deja de ser solamente una opción y pasa a convertirse en una necesidad.
La propuesta de ley busca precisamente establecer un marco de seguridad jurídica para quienes inviertan en el país, desde pequeños y medianos productores hasta grandes empresas. El desafío estará en determinar si las garantías planteadas son suficientes para convencer a quienes deben poner su dinero y asumir el riesgo.
Porque una cosa es anunciar que Bolivia quiere inversión y otra muy distinta conseguirla, según expertos. El capital no llega solamente porque un Gobierno lo invite: busca reglas claras, estabilidad, seguridad jurídica y condiciones que permitan recuperar lo invertido.
Por eso, la Ley de Inversiones será una prueba para el Gobierno de Paz. Si consigue generar confianza, podría convertirse en una herramienta para atraer capital y reactivar sectores productivos. Si no lo hace, la frase de que “el dólar aterrice en Bolivia” podría quedarse solamente en un buen discurso.
Por Equipo de redacción
