Bajo un cielo despejado y un sol abrasador, la avenida 6 de Marzo de El Alto vibraba este sábado con el fervor de miles de simpatizantes que, entre banderas whipalas y pancartas, proclamaron a Andrónico Rodríguez, presidente de la Cámara de Senadores, como candidato presidencial para las elecciones del 17 de agosto de 2025. En un acto cargado de simbolismo en esta ciudad bastión del oficialismo, Rodríguez desató aplausos y gritos de apoyo al responsabilizar al gobierno de Luis Arce por la crisis económica y la corrupción que agobian a Bolivia, marcando un punto de inflexión en la fracturada interna del MAS.
Desde temprano, el ambiente en El Alto era eléctrico. Organizaciones sociales, desde la Central Obrera Departamental hasta gremios campesinos del Pacto de Unidad, se congregaron en la avenida principal, ondeando banderas y coreando consignas como “¡Andrónico presidente!” y “¡Basta de crisis!”. El escenario, adornado con imágenes de Rodríguez y frases como “Por la unidad del pueblo”, estaba flanqueado por dirigentes sindicales y, según rumores entre la multitud, figuras clave como el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, cuya presencia no fue confirmada oficialmente pero alimentó especulaciones sobre un respaldo de peso.
Cuando Rodríguez, de 36 años y vestido con un poncho que contrastaba con su característica humildad cocalera, subió al escenario, la multitud estalló en vítores. “Hermanos, el pueblo está cansado de la escasez, de la falta de dólares, del combustible que no llega, de los precios que nos ahogan”, exclamó, señalando directamente al gobierno de Arce. “No podemos seguir con un gobierno que permite la corrupción mientras el pueblo sufre”. Sus palabras, amplificadas por altavoces que resonaban en las calles aledañas, fueron interrumpidas por aplausos y el sonido de petardos. Aunque no mencionó casos específicos de corrupción, su tono firme y su promesa de “recuperar la estabilidad y la dignidad” conectaron con una audiencia visiblemente frustrada.
El acto, que reunió a unas 10,000 personas según estimaciones de los organizadores, reflejó la diversidad de El Alto: mujeres aymaras con polleras multicolores, jóvenes con gorras del MAS, y trabajadores que blandían carteles exigiendo soluciones a la inflación, que ha alcanzado niveles récord. Sin embargo, también se percibía una tensión subyacente. Algunos asistentes, como una vendedora de 45 años que prefirió no dar su nombre, murmuraban dudas: “Andrónico habla bonito, pero ¿podrá unir al MAS? Todos dicen lo mismo”. Otros, más optimistas, veían en él una figura joven capaz de superar la rivalidad entre los seguidores de Arce (arcistas) y del expresidente Evo Morales (evistas).
La proclamación llega en un momento crítico para el MAS, fracturado por la pugna entre Arce, cuya popularidad se desploma ante la crisis económica, y Morales, cuya candidatura enfrenta barreras legales. Bolivia, con reservas internacionales reducidas a $1.7 mil millones y una producción de gas en colapso, atraviesa una de sus peores crisis en décadas, según datos del Banco Central. En este contexto, la emergencia de Rodríguez, respaldado por sectores del Pacto de Unidad y posiblemente por figuras como Del Castillo, parece un intento de renovar el partido con un líder carismático que apela tanto a las bases indígenas como a los descontentos con Arce.
Mientras la multitud se dispersaba al caer la tarde, dejando tras de sí un mar de botellas plásticas y banderas la sensación era de expectativa e incertidumbre. La oposición, fragmentada y sin un líder claro, no parece una amenaza inmediata, pero el camino de Rodríguez hacia la presidencia estará plagado de desafíos: unificar un MAS dividido, responder a las dudas sobre su cercanía a Morales y, sobre todo, convencer a un pueblo agotado de promesas. En las calles de El Alto, donde las palabras de Rodríguez aún resonaban, una cosa quedó clara: la carrera electoral de 2025 será una batalla no solo por el poder, sino por el alma del MAS.
Por Gabriel Benítez, colaborador
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