Desde las oficinas del Tribunal Supremo Electoral hasta los bastiones cocaleros del Chapare, el ambiente político boliviano se encuentra cargado de tensión, incertidumbre y un inminente riesgo de estallido social. El 19 de mayo por la noche cerró oficialmente el plazo para la inscripción de candidaturas, con más de 2.500 postulaciones provenientes de diez partidos y alianzas reconocidas. Sin embargo, las verdaderas noticias no están en los números, sino en los nombres: Evo Morales y Andrónico Rodríguez, dos pesos pesados del ala “evista” del MAS, podrían quedar fuera de la contienda.
La división del Movimiento al Socialismo, que alguna vez fue el partido hegemónico, ha cristalizado en tres frentes: los leales al presidente Luis Arce (conocidos como “arcistas”), los seguidores de Morales y un emergente grupo en torno a Rodríguez. El MAS oficialista inscribió a Eduardo del Castillo, actual ministro del Interior, como su apuesta para continuar con el proyecto de Arce. En paralelo, la batalla judicial por habilitaciones se vuelve el nuevo campo de lucha entre las facciones.
Evo Morales, quien gobernó entre 2006 y 2019, ha intentado burlar el límite constitucional de mandatos presentando su candidatura bajo siglas sin reconocimiento legal: Pan-Bol y Evo Pueblo. A ello se suma una orden de arresto en su contra por un proceso penal, que lo mantiene recluido en el Chapare. Sus seguidores ya han advertido con tomar las calles si su postulación es rechazada. Pero la sentencia constitucional 1010/2023 del Tribunal Constitucional Plurinacional parece definitiva: no puede volver a ejercer la presidencia.
Andrónico Rodríguez, por su parte, postuló con la Alianza Popular, con el respaldo de Mariana Prado como compañera de fórmula. Aunque lidera en algunas encuestas, su inscripción enfrenta impugnaciones al Movimiento Tercer Sistema (MTS), base legal de su postulación. El próximo 21 de mayo una audiencia constitucional en Beni podría definir su futuro. A pesar del respaldo popular, su candidatura pende de un hilo judicial.
En contraste, Eva Copa, alcaldesa de El Alto, ha logrado inscribirse sin trabas. Candidata del Movimiento de Revolución Nacional (Morena), Copa representa una figura renovadora en un espectro político desgastado. Con Jorge Richter como aspirante a la vicepresidencia, apuesta por el voto joven y urbano. Ha tendido puentes incluso con sectores que respaldan a Rodríguez, lo que insinúa un juego de alianzas en marcha.
El TSE, presidido por Óscar Hassenteufel, trabaja bajo presión. La verificación documental se extiende hasta el 30 de mayo, mientras que el 6 de junio se publicará la lista final de candidatos habilitados. Entre ambas fechas podría darse un proceso de sustituciones, pero la normativa vigente no permite obviar fallos constitucionales ni judiciales.
Con la polarización al límite, la próxima publicación del listado oficial promete marcar un punto de inflexión. Si Morales y Rodríguez son finalmente inhabilitados, Bolivia podría ver el resurgir de las protestas masivas que marcaron episodios recientes de su historia política. Las elecciones de agosto no solo definirán a un nuevo presidente, sino también el futuro del MAS y el curso democrático del país.
Redacción central
