El 23 de mayo, el presidente Luis Arce aseguró que la llegada de buques con combustibles a la Terminal Marítima Sica Sica, en Arica (Chile), permitiría normalizar el abastecimiento en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz a partir del lunes 26. Sin embargo, al 30 de mayo, la realidad contradice la narrativa oficial: las filas siguen, la tensión crece y las explicaciones del gobierno no convencen.
El ministro de Hidrocarburos, Alejandro Gallardo, culpó al mal clima en el puerto chileno, con marejadas que habrían impedido la descarga de buques como el Feliks y el Pacific Moonstone. Pero algunos hechos contradicen esa versión, señalando problemas logísticos y retrasos en los pagos de YPFB como las verdaderas causas del atasco.
A ello se suman bloqueos internos organizados por sectores afines al ala evista del MAS y una crónica falta de divisas que impide al Estado cumplir sus compromisos con proveedores. La vulnerabilidad estructural de Bolivia, al depender de importaciones para más del 70% de su demanda energética, vuelve a quedar en evidencia.
La comunicación gubernamental también ha fallado. El mensaje triunfalista de Arce, sin advertir sobre posibles contratiempos logísticos o climáticos, lo ha dejado expuesto. “El presidente fue puesto en una situación difícil por su equipo, que subestimó los obstáculos”, afirmó el analista político Marcelo Arequipa.
Mientras tanto, la población sigue haciendo filas interminables y los transportistas anuncian medidas de presión. Las medidas paliativas del gobierno —como permitir la importación privada o buscar combustibles en Perú y Paraguay— no alcanzan para una solución real.
El analista económico Gonzalo Chávez resume el momento: “El gobierno está perdiendo el control de la narrativa y la calle”. Si la situación no mejora en los próximos días, el país podría enfrentarse a una nueva ola de protestas y bloqueos, en medio de una fractura política cada vez más profunda.
Redaccion central
