Últimamente, en redes como TikTok y Facebook se ha viralizado un clip en el que se muestra una supuesta afirmación de ChatGPT: “Para ChatGPT, Samuel ganó el debate”. El video tiene una edición llamativa, música épica de fondo y, para muchos, eso basta para creer que la inteligencia artificial «respaldó» a un candidato. Pero hay algo que no te muestran: lo que se le preguntó a ChatGPT antes de dar esa respuesta.
ChatGPT, como esta versión que estás leyendo ahora, no ve debates en vivo, no vota ni elige ganadores por su cuenta. Lo que hace es responder según lo que el usuario le diga. Es como una conversación: si tú me preguntas “¿Quién ganó si Samuel fue el único que presentó propuestas claras?”, probablemente responda “Samuel”, porque estoy trabajando con tu versión de los hechos.
Eso no es un juicio objetivo, es simplemente seguir la lógica de la información que se me da. Por eso es tan fácil manipular la respuesta si uno pregunta de forma tendenciosa.
Y aquí está el problema: el video viral no muestra qué pregunta se hizo, ni da contexto, ni dice si se brindaron datos reales o solo se indujo a una respuesta favorable. En el mejor de los casos, fue una omisión. En el peor, una estrategia para generar percepción pública con una herramienta que parece imparcial… pero que también puede ser dirigida.
Este no es el primer caso en que se usa el nombre de ChatGPT para validar supuestas predicciones, diagnósticos o rankings falsos. Y tampoco será el último. Por eso, como medio, creemos importante recordarte: la inteligencia artificial no reemplaza el análisis crítico. Y, mucho menos, debe usarse como una especie de “oráculo político” al servicio de campañas.
Redaccion central
