América Latina y el Caribe se perfilan como la región emergente con menor crecimiento económico en 2025, con una proyección del 2,2%, según el más reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta cifra contrasta con el 4,0% esperado en África Subsahariana y el 3,4% en Medio Oriente y Asia Central, y pone en evidencia un patrón de estancamiento estructural en el continente latinoamericano.
El bajo dinamismo responde a factores comunes en la mayoría de los países de la región: tasas de interés altas que encarecen el crédito y reducen la inversión; deuda pública elevada que restringe el margen de maniobra fiscal; y una productividad persistentemente baja, afectada por la falta de innovación, informalidad y sistemas educativos deficientes. A ello se suman incertidumbres políticas, bajo clima de inversión y, en algunos casos, deterioro institucional.
En medio de ese contexto, Bolivia registra una proyección de crecimiento del 2,5% para 2025, apenas por encima del promedio regional, pero muy por debajo de su rendimiento durante la época del auge del gas y el gasto estatal expansivo. Aunque el país aún mantiene estabilidad de precios y cierto control en sus cuentas fiscales, el modelo económico interno muestra señales claras de agotamiento.
La caída sostenida en la producción y exportación de gas natural ha reducido los ingresos del Estado, mientras que las reservas internacionales siguen en descenso, limitando la capacidad de respaldo financiero. A esto se suman problemas estructurales como el tipo de cambio fijo en un contexto de escasez de dólares, distorsiones de precios y subsidios generalizados que debilitan los incentivos a la producción y a la inversión.
El FMI advierte que Bolivia, al igual que otros países de la región, necesita reformas urgentes para corregir desequilibrios macroeconómicos, atraer capital privado, diversificar su economía y garantizar sostenibilidad fiscal. De lo contrario, el crecimiento podría mantenerse en niveles bajos por varios años, comprometiendo el bienestar de la población y el desarrollo de largo plazo.
Mientras otras regiones emergentes del mundo logran mantener un ritmo moderadamente optimista, América Latina parece atrapada en una zona de bajo crecimiento. Y Bolivia, que alguna vez lideró indicadores regionales, hoy se mueve en la cuerda floja entre la estabilidad y el estancamiento.
Redaccion central con información de FMI Noticias
