La Paz, 17 de agosto de 2025 – Lo que las encuestas sugerían y muchos políticos subestimaron terminó sucediendo: la ciudadanía le dio la espalda a los discursos repetidos y a las maquinarias millonarias, apostando por una campaña que se cocinó desde abajo. Rodrigo Paz, con recursos limitados, caminando barrio por barrio y apelando al poder de las redes sociales, se convirtió en la gran sorpresa de las elecciones generales, encabezando los resultados preliminares con más de 1,5 millones de votos.
El PDC, que muchos daban por agotado, encontró en Paz un rostro fresco y una narrativa distinta: cercanía, austeridad y constancia. La fórmula fue simple pero poderosa: escuchar, mirar a los ojos y tocar las puertas de la gente. En contraste, los políticos tradicionales quedaron en evidencia, atrapados en esquemas de campaña desgastados que no lograron encender entusiasmo en la población.
La elección también dejó un dato revelador: casi uno de cada cinco votantes anuló su papeleta. Ese porcentaje histórico de votos nulos refleja un descontento profundo con la clase política y plantea un desafío mayúsculo a la legitimidad democrática. Sin embargo, dentro de ese escenario de apatía, la estrategia de Paz rompió la indiferencia y logró capitalizar la confianza de miles que buscaban una opción diferente.
Más allá de los números, el mensaje es claro: en Bolivia la política del contacto directo y la autenticidad puede más que los jingles, los spots televisivos y los mítines con discursos interminables. El resultado preliminar marca un punto de inflexión: los bolivianos ya no votan por el peso de los nombres históricos, sino por quien logra mirarlos de frente y convencerlos con hechos más que con promesas.
Redaccion central
