En Bolivia, las encuestas se derrumbaron en un abrir y cerrar de urnas. El voto no se cocinó en los estudios de televisión ni en los análisis técnicos, se cocinó en las calles, en los mercados, en las ferias donde la gente decide con el bolsillo y el corazón.
“Soy evista, pero apoyo al capitán Lara porque piensa en la gente humilde”. Esa frase, repetida una y otra vez, muestra que el voto tiene memoria pero también pragmatismo: si el líder ya no está en la carrera, la calle busca a quién confiar su esperanza.
El fenómeno Lara no necesita discursos de élite. Conecta porque se parece al pueblo, porque –como dice María Galindo– compra hamburguesa de la calle y no en Burger King. Esa es la diferencia que marca quién tiene chance real de llegar a la segunda vuelta con fuerza.
El evismo huérfano se mueve, el PDC empieza a sonar, y la segunda vuelta no será solo una disputa de partidos, será una disputa de cercanía. Al final, en Bolivia, gana el que escucha más murmullos que aplausos.
Redaccion central
