El presidente Luis Arce desestimó las versiones sobre una eventual fuga tras concluir su mandato y lanzó un mensaje directo para sus críticos y para su propia militancia: “Los Arce nos quedamos en Bolivia”. Con ello, buscó reforzar que su gestión termina sin cuentas pendientes ni intención de abandonar el país.
“¿Por qué me voy a ir del país, dígame? ¿He robado? ¿He matado? Aquí nadie miente, nadie roba, ni mi familia roba. No nos vamos a escapar de este país, vamos a estar aquí”.
Las declaraciones se producen en una coyuntura marcada por la fractura interna del MAS —entre arcistas y evistas— y la presión de la oposición sobre el desempeño económico. En este escenario, Arce busca proyectar la imagen de un líder que cierra ciclo con la frente en alto, desligándose de especulaciones sobre corrupción o eventual exilio.
El mandatario ya había anticipado que, una vez concluida su gestión, pretende retornar a la vida académica. El énfasis en quedarse en el país funciona como un mensaje político hacia dentro y fuera del oficialismo: blindar su legado, ordenar su espacio y responder a la narrativa de fuga que circula en redes.
De fondo, el mensaje también delimita diferencias con Evo Morales, que intenta reordenar su propio capital político, mientras la oposición perfila su estrategia rumbo a 2025. La frase de Arce busca, al mismo tiempo, cerrar filas con sus bases y disputar el sentido común de la conversación pública: no hay huida, hay permanencia.
Redaccion central
