Era media mañana en el coliseo de Cobija cuando el ambiente cambió. Las pancartas con consignas mineras y fabriles se mezclaban con gritos de “¡Renovación!” y “¡Fuera los vendidos!”. En medio del tumulto, la voz del moderador anunció la conformación del presídium del XVIII Congreso. El acto protocolar, que normalmente pasaría desapercibido, tuvo un peso histórico: desde ese instante, Juan Carlos Huarachi dejaba de ser el secretario ejecutivo de la COB.
El exdirigente, con semblante serio y el micrófono aún en la mano, intentó dirigir unas últimas palabras, pero los abucheos lo cubrieron. Delegados de base golpeaban sus cascos, los maestros coreaban “¡Ya se acabó tu tiempo!”, y desde una de las graderías un grupo desplegó una bandera con la frase: “La COB no es del Gobierno”.
“¡El obrero no necesita voceros del poder, necesita dirigentes valientes!”— Grito de una dirigente fabril durante la salida de Huarachi
Huarachi bajó del estrado acompañado por un pequeño grupo de dirigentes afines. Entre empujones y silbidos, fue escoltado por sus allegados hasta una movilidad estacionada al costado del recinto. Mientras se retiraba, una dirigente fabril gritó una frase que pareció resumir la escena y el sentir de muchos delegados: “El obrero no necesita voceros del poder, necesita dirigentes valientes”.
La instalación del presídium trasladó la conducción del congreso a una mesa que reivindica la convocatoria de las bases. Lo que en el papel es un acto administrativo, en los hechos simboliza la ruptura con una gestión prolongada y cuestionada. Huarachi deja la COB tras una gestión que se extendió más allá de los plazos estatutarios y que estuvo marcada por una relación pragmática con distintos gobiernos, percepción que se tradujo en rechazo y pérdida de respaldo en sectores clave.
Los mineros, otrora su bastión, le retiraron el apoyo meses atrás; los fabriles y maestros lo acusaron de “entregar la independencia sindical”. Incluso sectores próximos al oficialismo admiten que la COB perdió credibilidad por su silencio ante despidos y conflictos laborales no resueltos.
Andrea Torrico para CalleBolivia
