La controversia por Botrading S.A., filial de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, dejó al descubierto que, si todo estuvo bien, el verdadero error no fue técnico, sino comunicacional. El presidente de YPFB, Armin Dorgathen, aseguró que la empresa rompió monopolios en la importación de combustibles, generó ahorros millonarios y fue auditada sin observaciones. Según la estatal, los resultados fueron contundentes: más de 300 millones de dólares en ahorros acumulados y contratos transparentes registrados en los sistemas oficiales del Estado. Sin embargo, esas cifras nunca fueron explicadas con claridad ni respaldadas con información accesible para la ciudadanía, lo que permitió que la narrativa se distorsionara y que la opinión pública se inclinara hacia la sospecha.
Mientras YPFB insistía en que todo marchaba bien, la Cámara de Diputados aprobó un informe final recomendando auditorías especiales y la Fiscalía abrió una investigación sobre presuntas irregularidades. La empresa estatal se limitó a responder con frases genéricas como “no existe nada oscuro” o “todo está auditado”, pero nunca mostró documentos detallados ni voceros técnicos capaces de sostener la versión oficial frente a la crítica. Así, el relato de ahorro y eficiencia quedó sepultado bajo una ola de dudas y cuestionamientos. El fallo no fue de gestión, sino de comunicación: se dejaron vacíos informativos que fueron rápidamente llenados por denuncias políticas, rumores y especulaciones mediáticas.
Si la intención era demostrar eficiencia, transparencia y capacidad técnica, la estrategia debió centrarse en datos abiertos y en una comunicación pública activa. YPFB y el Ministerio de Hidrocarburos no lograron transmitir una narrativa coherente ni oportuna. Faltaron informes simples, gráficos explicativos y voceros especializados que dieran confianza al ciudadano común. En lugar de ello, predominó un tono defensivo y fragmentado que terminó debilitando la credibilidad institucional.
En sectores estratégicos como el energético, la transparencia no se mide solo por los resultados financieros, sino también por la forma en que estos se comunican. Cuando el Estado no logra explicar de manera clara cómo maneja los recursos públicos, la percepción de opacidad crece, incluso si las auditorías internas demuestran lo contrario. En este caso, la falla fue perder el control del relato. Si Botrading realmente trajo beneficios al país, el problema no fue la operación, sino la incapacidad de YPFB y del Ministerio de Hidrocarburos para comunicar esos logros con claridad y oportunidad. Porque en la gestión pública, tan importante como hacer bien las cosas, es saber contarlas.
Redacción central La Paz
