Paz revienta el legado de Evo: “Ni museos ni canchitas; ahora la plata es para producir”
Bolivia está pagando hoy las facturas de la improvisación de ayer. Millones que pudieron impulsar producción, agua, riego y empleo terminaron enterrados en obras sin sentido, como el museo de Orinoca —una estructura de 8 millones de dólares que hoy yace cerrada y sin retorno. Las palabras de Rodrigo Paz no caen en saco roto; son un llamado brutal a la memoria y una bofetada al despilfarro que dejó al país sin recursos para lo esencial. Y sí: duele, indigna y arde saber que mientras los productores pedían apoyo, el Estado construía monumentos al ego político.
