La analista en comunicación política Ivanna Torrico lanzó una reflexión que está calando fuerte: Bolivia no puede seguir atrapada en discursos de queja, victimización y lástima que reducen a la población a simples beneficiarios de bonos. Según la experta, esa narrativa no solo subestima la capacidad de los bolivianos, sino que frena cualquier visión de desarrollo que permita al país avanzar hacia metas más ambiciosas.
Torrico sostiene que es momento de transitar hacia un liderazgo que inspire grandeza, que motive y que muestre caminos reales para crecer. Eso implica dejar de mirar a la gente rural como receptora pasiva y empezar a impulsarla como protagonista: dueños de empresas de transporte turístico, propietarios de hostales, administradores de restaurantes y actores activos en la economía. Pensar en grande, afirma, es reconocer que Bolivia puede producir, emprender y competir.
El cambio que propone la analista no es solo económico, sino mental. Significa sustituir la cultura de la dependencia por una cultura de creación y esfuerzo, donde el talento boliviano se potencie sin que la queja sea el centro del discurso político. Para Torrico, mientras sigamos prestando oídos a líderes que viven de victimizarse, estaremos condenando al país a una mediocridad innecesaria y profundamente injusta con su propio potencial.
La pregunta entonces es inevitable: ¿cuándo empezará Bolivia a jugar en ligas mayores? La respuesta, según el mensaje que resuena, es cuando dejemos atrás a quienes apuestan por la lástima y abracemos a quienes apuestan por la grandeza. Bolivia no es un país pequeño; simplemente ha sido mal narrado. Y llegó la hora de contar una historia distinta, de ambición, esfuerzo y futuro.
Redacción central La Paz
