La promulgación del Decreto Supremo 5503 (DS 5503), que elimina la subvención a los combustibles en Bolivia, activó un conflicto que rápidamente trascendió lo económico. La medida detonó una ola de confrontación digital donde el término “parásitos del Estado” emergió como la etiqueta dominante para descalificar a los sectores que rechazan el ajuste. En cuestión de horas, la conversación dejó de girar únicamente en torno al precio de la gasolina o la emergencia fiscal para convertirse en un debate sobre quién es visto como carga para el país y quién es considerado parte del “nuevo orden productivo” que impulsa el Gobierno de Rodrigo Paz Pereira.
En redes sociales, especialmente en X, usuarios afines al oficialismo utilizan la expresión “parásitos” para referirse a mineros asalariados, afiliados a la COB, empleados estatales, gremios urbanos y sectores populares que encabezan las protestas. Según esa narrativa, estos grupos se habrían beneficiado de una burocracia sobredimensionada y subsidios distorsionados durante dos décadas. Las publicaciones más virales incluyen frases como “vagos y zánganos”, “defensores del despilfarro” o “dependientes del subsidio fácil”, mensajes que refuerzan la idea de que el fin de la subvención pone término a un supuesto ciclo de privilegios.
Sin embargo, para analistas y opositores, este discurso es mucho más que un desahogo digital: constituye un dispositivo político que busca deslegitimar la protesta y transformar a sindicatos, trabajadores y poblaciones enteras en enemigos del cambio económico. Advierten que el uso del término “parásitos” alimenta un clima de polarización peligrosa para un país con profundas desigualdades, y recuerdan que en otras naciones de la región—como Argentina, Chile o Ecuador—las etiquetas estigmatizantes terminaron escalando en conflictividad real. El debate ya no se limita al “gasolinazo”, sino al tipo de ciudadanía que se considera legítima en el nuevo ciclo político.
Redacción central La Paz
