El reciente malestar por el costo de los pasajes de Boliviana de Aviación (BoA) no es una percepción aislada, sino una realidad que golpea el bolsillo del ciudadano de a pie. Aunque campañas como el “Tarizafo” se presentan como un alivio necesario para equilibrar las tarifas tras las últimas actualizaciones de precios, estas no dejan de ser parches temporales. Como bien señalan voces del sector empresarial ligadas a la gestión pública como Samuel Doria Medina, además de aliado de Paz, una promoción de una semana no resuelve la falta de una política aeronáutica que haga el transporte accesible de forma permanente en un país donde las montañas y las distancias hacen del avión una necesidad, no un capricho.
En las calles de nuestras ciudades, el veredicto es más crudo y directo: el avión ha vuelto a ser el transporte de «los que tienen plata». Se escucha con frecuencia que los aeropuertos se han convertido en pasarelas para altos funcionarios públicos que viajan con cargo al Estado, mientras que las familias bolivianas deben resignarse a viajes terrestres interminables y peligrosos. Esta brecha genera un resentimiento social profundo, pues se percibe que la aerolínea bandera, financiada con recursos de todos, ha dejado de servir a la mayoría para atender a una élite con presupuesto asegurado.
Desde el ámbito empresarial, la advertencia es clara: la sostenibilidad del sistema no puede depender de ofertas flash. Se requiere que las autoridades piensen en medidas de largo plazo que incluyan la revisión de tasas aeroportuarias, incentivos para la competencia y una gestión operativa que reduzca costos sin sacrificar la seguridad. La geografía boliviana no perdona; sin un transporte aéreo eficiente y barato, la integración nacional se rompe y la economía se estanca, dejando a regiones enteras desconectadas del motor productivo del país.
Finalmente, el debate sobre BoA pone sobre la mesa la urgencia de repensar el modelo de transporte en Bolivia. No basta con ser «el dueño del aire» si ese aire está vacío de ciudadanos comunes. Si el Estado no logra democratizar el acceso al cielo, el descontento seguirá creciendo en las terminales y en las plazas, donde la gente ya no pregunta cuándo sale el próximo vuelo, sino cuánto más tendrá que ahorrar para poder subir a uno. La aviación debe volver a ser un puente para todos, no una barrera que separa a los bolivianos por su nivel de ingresos se dice en las calles.
Por: Equipo de redacción
