El punto de quiebre está en las cifras. Según Gonzalo Colque, el gasto en sueldos pasaría de Bs 709 millones a Bs 995 millones en 2026, lo que representa un incremento superior a Bs 285 millones, cercano al 40%. Para el economista, este dato evidencia que “algo no cuadra” dentro del presupuesto reformulado, además de advertir sobre la falta de información completa para validar el análisis.
Desde el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de Bolivia, la respuesta fue calificar esa interpretación como “falsa”. Sin embargo, su defensa evita el contraste directo de cifras y se centra en cuestionar la metodología: sostienen que no se puede comparar la planificación presupuestaria con la ejecución real del gasto y que el dato difundido sería incompleto.
El problema es que, hasta ahora, no se han presentado públicamente números comparables que permitan verificar o desmentir el incremento señalado. En su lugar, el Gobierno insiste en que el gasto se está reduciendo y que existe una política de optimización para construir un Estado menos burocrático.
Este cruce deja un punto crítico: si ambas cifras corresponden a la misma base, el aumento es evidente; pero si no lo son, la falta de desagregación impide confirmar la versión oficial. En consecuencia, el debate no se resuelve, sino que se traslada al terreno de la interpretación.
Por Equipo de redacción
