La madrugada del sábado, Zamora encabezó el operativo organizado por el Gobierno para intentar romper los bloqueos instalados en la carretera La Paz–Oruro, una de las rutas más sensibles para el ingreso de alimentos, combustible y medicamentos a la sede de Gobierno.
El convoy avanzó acompañado por contingentes de la Policía, las Fuerzas Armadas y maquinaria pesada. Durante las primeras horas, la caravana logró atravesar sectores como Senkata y Ventilla; sin embargo, conforme avanzaba el recorrido, comenzaron los momentos de mayor tensión.
Vehículos policiales y motorizados de apoyo fueron atacados en distintos puntos de la ruta. Reportes de agresiones, destrozos y posibles amenazas con explosivos terminaron transformando el operativo en una jornada de alta presión para quienes integraban el corredor humanitario.
A su retorno, Zamora dejó entrever el impacto emocional y humano que dejó el operativo. “Era evidente que podía pasar eso, nada es fácil en la vida”, afirmó la autoridad, reconociendo que el escenario superó la expectativa de una simple intervención vial.
El ministro explicó que el repliegue no respondió a una derrota operativa, sino a una evaluación de riesgo frente a la posibilidad de una escalada mayor. “La vida humana tiene que prevalecer”, sostuvo, al justificar la decisión de retroceder y evitar consecuencias más graves para policías, militares y civiles que acompañaban la caravana.
Pese a ello, Zamora aseguró que el Gobierno no abandonará los intentos de restablecer el tránsito. Como autoridad ejecutiva, afirmó que el deber del Estado es garantizar el abastecimiento de la población y anunció que se evaluarán nuevas estrategias para mantener abierto el corredor humanitario.
El país llega así a 24 días de bloqueos en rutas estratégicas de La Paz, mientras aumenta la presión social, el desabastecimiento y el desgaste político alrededor del conflicto.
Portada gentileza ministerio de Obras Públicas
Por Equipo de redacción
