En un comunicado oficial difundido desde La Paz, la Cancillería boliviana expresó su rechazo a las declaraciones realizadas por Mercedes Trimarchi, vinculada a la organización Izquierda Socialista, durante manifestaciones desarrolladas en territorio boliviano contra el Gobierno nacional.
El documento sostiene que la activista se presentó públicamente como “diputada electa”, pese a no ejercer actualmente mandato legislativo alguno en Argentina, y cuestiona que haya participado en movilizaciones políticas internas emitiendo afirmaciones “carentes de sustento” sobre una supuesta vulneración de derechos de trabajadores bolivianos.
Asimismo, el Ministerio de Relaciones Exteriores calificó como “inadmisible e inaceptable” que actores políticos extranjeros intervengan en asuntos internos de Bolivia y recordó que el principio de no intervención está respaldado por la Carta de las Naciones Unidas y la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA).
En la parte final del pronunciamiento, la Cancillería dejó abierta la posibilidad de medidas administrativas o migratorias al señalar que las autoridades competentes evaluarán el estatus migratorio de la activista conforme a la normativa vigente.
Por su parte, Mercedes Trimarchi respondió denunciando un “acoso brutal” en redes sociales luego de sus declaraciones en el cabildo realizado en la ciudad de El Alto. La activista aseguró que fue blanco de ataques digitales y cuestionamientos tras expresar críticas al Gobierno boliviano y respaldar las protestas sociales.
A este escenario se sumó el consultor político argentino Fernando Cerimedo, conocido por su participación en estrategias digitales y campañas políticas regionales, quien utilizó sus redes sociales para emitir mensajes críticos y confrontacionales sobre la situación boliviana contra quienes aparentemente comulgan la izquierda boliviana.
De este modo, la activista critica al gobierno y Cerimedo de quien se dice que sería el asesor de Rodrigo Paz utiliza dardos comunicacionales contra un colectivo izquierdista.
Analistas consideran que el conflicto ya trascendió el plano estrictamente interno y comenzó a proyectarse como una batalla regional de discursos e influencia política a través de redes sociales.
El episodio refleja además cómo la crisis boliviana se desarrolla simultáneamente en dos escenarios: el institucional y diplomático, representado por el pronunciamiento oficial de la Cancillería, y el digital-político, donde activistas, consultores y actores extranjeros disputan el control del relato público sobre las protestas y la situación del país.
Portada gentileza Agencia la Guardia
Por Equipo de redacción
