El pollo está en los mercados, pero cada vez cuesta más encontrar compradores dispuestos a pagarlo. En Cochabamba, el kilo llegó a bordear los Bs 27–28, mientras comerciantes reportan una reducción en las ventas.
La escena revela algo más profundo que un problema de abastecimiento: los precios suben, pero el poder de compra de los bolivianos se achica.
Cuando una familia deja de comprar un alimento básico porque el precio ya no le alcanza, el mercado comienza a mostrar la verdadera dimensión de la crisis. El pollo puede estar en el puesto, pero si el consumidor mira, pregunta y se va, el problema ya no es solamente la oferta: es el bolsillo.
Y ahí aparece la contradicción que merece atención: mientras comerciantes enfrentan un producto más caro, también enfrentan consumidores con menos capacidad para comprarlo.
Por Equipo de redacción
