Espinoza no habló como cualquier ciudadano haciendo un comentario sobre un churrasco. Lo hizo como ministro de Economía, es decir, desde uno de los cargos que tiene la responsabilidad de explicar qué ocurre con los precios, los ingresos y las dificultades que enfrentan las familias.Por eso la frase genera desconcierto. ¿Se refería simplemente a que los churrascos de esta semana serían reuniones familiares? ¿Estaba haciendo alusión a la situación económica y al costo de organizar una reunión? ¿O pretendía lanzar una ironía sobre el momento que atraviesa el país.
Cualquiera que haya sido la intención, el comentario adquiere otra dimensión cuando se lo coloca junto a la realidad cotidiana. Las familias no necesitan que se les explique que el dinero alcanza menos: lo comprueban cuando hacen sus compras, pagan el transporte o intentan organizar una comida para varias personas.
Ahí está el problema político de la frase. El humor de un ministro puede ser inocente; pero cuando se produce en medio de una crisis económica, también puede convertirse en un mensaje. Y si el mensaje no se entiende, la responsabilidad de aclararlo corresponde a quien lo pronunció.
No se trata de cuestionar que un ministro pueda hacer una broma. Se trata de preguntarse si “churrascos estrictamente familiares” es una expresión apropiada para quien debe hablarle a un país preocupado por su economía.
Quizá Espinoza quiso decir algo perfectamente distinto. Pero precisamente ahí está la cuestión: si la gente no entiende el mensaje, algo falló en la comunicación. Y en economía, donde la confianza es tan importante como los números, las palabras también tienen consecuencias.
Por Equipo de redacción
