La expresión utilizada por Margarita Arce no es un detalle menor. Forma parte de una estrategia de defensa que busca disputar el relato público alrededor de Cerimedo antes de que la investigación determine responsabilidades.
Cerimedo fue detenido e imputado en el marco de la investigación por el ataque contra Beller. Desde entonces, la denuncia de la víctima y las respuestas de la defensa comenzaron a enfrentarse también en el terreno mediático, mientras la relación de Cerimedo con el entorno político de Rodrigo Paz elevó la dimensión del caso.
Arce intenta colocar una pregunta diferente sobre la mesa: ¿se está investigando un hecho criminal o se está construyendo públicamente una acusación contra Cerimedo antes de que existan conclusiones judiciales?
Ese planteamiento permite a la defensa trasladar parte de la discusión desde la conducta de su cliente hacia el contexto político que rodea el caso. La abogada cuestiona la versión de Beller y plantea hipótesis alternativas sobre lo ocurrido y sobre los posibles intereses detrás de la denuncia.
Pero aquí aparece el límite que debe respetarse. Que Arce denuncie un “juicio mediático” no demuestra que exista una operación política. Del mismo modo, que Beller acuse a Cerimedo tampoco convierte esa acusación en una verdad judicial. Ambas versiones deben ser sometidas a prueba.
La controversia sobre la reserva de la investigación añade otra capa al conflicto. El caso necesita preservar elementos que podrían comprometer la investigación, pero también garantizar que la víctima tenga acceso a la información que legalmente le corresponde y que el proceso pueda ser controlado por las instituciones competentes.
Así, el caso Cerimedo tiene hoy dos escenarios paralelos. En uno, el Ministerio Público debe establecer qué ocurrió, quiénes participaron y qué pruebas existen. En el otro, las partes disputan ante la opinión pública la interpretación de esos hechos.
La estrategia de Margarita Arce parece clara: evitar que Cerimedo sea condenado primero en los medios y juzgado después en los tribunales.
La respuesta institucional también debería ser clara: ni una acusación pública puede convertirse en sentencia, ni la condición de asesor o consultor vinculado al poder puede convertirse en protección frente a una investigación. Al final, deberán hablar las pruebas.
Por Equipo de redacción
