La conversación ocurrió en la carretera, lejos de los discursos políticos y de los informes económicos. Al volante, un chofer habló de lo que vive todos los días: combustible, costos y la incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir con los precios.
Su conclusión fue contundente: “Rodrigo Paz está quebrando al país”. Y todavía fue más lejos: si la gasolina vuelve a subir, dijo que se irá del país.
La afirmación no demuestra, por sí sola, que Bolivia esté siendo “quebrada” por el actual Gobierno. Es una percepción ciudadana. Pero precisamente por eso tiene valor periodístico: muestra cómo las decisiones económicas están siendo interpretadas por quienes sienten sus efectos directamente.
Para el Gobierno, los ajustes forman parte de una estrategia para enfrentar una economía golpeada, corregir distorsiones y reducir el costo que representa el subsidio a los combustibles. Para quienes viven del transporte, en cambio, cada modificación del precio puede convertirse en un aumento de costos y en una amenaza para sus ingresos.
Ahí aparece el verdadero desafío para Rodrigo Paz: no basta con explicar que los ajustes son necesarios. También debe conseguir que la población perciba que esos sacrificios tienen un horizonte y que la situación puede mejorar.
Porque cuando un chofer dice que, ante otra subida de la gasolina, piensa en abandonar el país, ya no está hablando solamente del precio de un litro de combustible. Está expresando una sensación más profunda: la de no saber cuánto más puede soportar su economía personal antes de perder la esperanza.
Por Equipo de redacción
