El Gobierno decidió eliminar completamente la subvención al diésel y fijó inicialmente su precio en Bs 17,95 por litro, con un mecanismo vinculado a la cotización internacional. La administración de Rodrigo Paz sostiene que la medida busca enfrentar el problema de abastecimiento y reducir el peso fiscal de los combustibles subvencionados.
Para los transportistas a la cabeza de Lucio Gómez, el problema aparece en otra parte de la ecuación: el combustible es un costo directo de operación y cualquier aumento termina presionando sobre las tarifas, el transporte de carga y, finalmente, sobre el precio de los productos que se mueven por carretera. La dirigencia nacional incluso planteó que el salario mínimo debería subir hasta Bs 4.500 para compensar el impacto que atribuye al incremento del diésel. Esa es una posición del sector, no una medida adoptada por el Gobierno.
El conflicto, sin embargo, no tiene una sola posición dentro del transporte. Mientras la Confederación de Choferes anunció el repliegue nacional, un dirigente del transporte pesado, Pedro Quispe, expresó públicamente su respaldo a la eliminación de la subvención y descartó acatar paros, argumentando que el nuevo esquema puede terminar con las largas filas en los surtidores y permitir que los transportistas cumplan sus compromisos de carga.
El Gobierno, por su parte, abrió mesas técnicas con sectores del transporte para discutir los efectos del decreto, las tarifas y otros reclamos. El Ministerio de Trabajo llamó a evitar la confrontación y se anunciaron nuevas reuniones técnicas, incluida una con la ATT en Cochabamba.
Así, el lunes no estará en juego solamente si circulan o no los vehículos. Estará a prueba una de las decisiones económicas más fuertes del Gobierno de Paz: quitar la subvención puede resolver una parte del problema fiscal y del abastecimiento, pero ahora el Ejecutivo debe demostrar cómo administra el costo que esa decisión traslada al transporte y a la economía cotidiana.
Porque una cosa es quitar la subvención en un decreto. Otra es conseguir que el país siga moviéndose cuando el combustible deja de tener precio político y empieza a tener precio de mercado.
Por Equipo de redacción
