La publicación se titula “Bolivia to the world and the world to Bolivia” y fue difundida el 28 de agosto de 2026. Bolivia Verifica confirmó que el suplemento es real y que está identificado como material publicitario, no como contenido producido por la redacción periodística de USA TODAY.
El documento presenta a Bolivia como un país abierto a la inversión y destaca las reformas impulsadas por el Gobierno de Rodrigo Paz, entre ellas la eliminación de subsidios y la apertura de sectores como combustibles, minería y energía.
El dato que provocó la polémica es el supuesto precio. El analista Erik Fajardo estimó que una página publicitaria a color podría costar alrededor de $us 250.000 y, sobre esa referencia, calculó unos $us 3 millones por las 12 páginas. Pero ese cálculo es una estimación: no demuestra que el Estado boliviano haya pagado exactamente esa cantidad.
También hay que poner la audiencia en su verdadera dimensión. USA TODAY forma parte de una gigantesca red de medios en Estados Unidos y sus cifras de alcance son importantes. Sin embargo, no corresponde decir que los millones de lectores de USA TODAY o de USA TODAY Network fueron automáticamente lectores de la separata boliviana.
Ese dato específico es el que falta: cuántos ejemplares de la edición con Bolivia circularon, dónde fueron distribuidos y cuál fue la audiencia efectiva de esas 12 páginas.
Y aquí aparece la discusión que interesa a Bolivia.
Promocionar al país en Estados Unidos puede ser una inversión, no necesariamente un gasto. Si el objetivo es atraer capital, generar negocios y cambiar la percepción internacional sobre Bolivia, tiene sentido evaluar una campaña de este tipo desde el retorno que puede producir.
Pero una inversión pública necesita trazabilidad.
¿Cuánto se pagó realmente? ¿Quién recibió el dinero? ¿Qué empresa contrató la publicación? ¿Con qué recursos se financió? ¿Cuántos inversionistas fueron alcanzados? ¿Cuántos contactos empresariales produjo? ¿Cuántos proyectos llegaron después?
El contexto además importa. Paz ha buscado fortalecer la relación con Estados Unidos y presentar ante organismos multilaterales e inversionistas la nueva orientación económica de Bolivia. En ese escenario, una vitrina internacional puede formar parte de una estrategia mayor de reposicionamiento.
Pero la vitrina también se mide.
Si se gastaron millones para mostrar Bolivia en Estados Unidos, el Gobierno debe poder explicar no solamente cuánto costó la campaña, sino qué consiguió Bolivia después de estar allí.
Porque el costo puede ser grande y aun así tener sentido si el retorno lo justifica. Y puede ser pequeño y resultar caro si no produce nada.
No basta con llegar a EEUU. Hay que demostrar que EEUU miró a Bolivia y que de esa mirada salió inversión, negocios o nuevas oportunidades.
Portada captura del medio señalado precedentemente
Por Equipo de redacción
